Tremenda odisea de una joven para conocer su origen

“Yo solo quiero saber quién soy”, dijo apenas entró a la sala de visitas de nuestra redacción, un domingo a la mañana. En la mesa, desparramó recortes de diarios, fotos, publicaciones de redes sociales y documentos varios que trajo en una carpeta, como partes de un rompecabezas que lleva años tratando de completar.

El defensor adjunto Paublino Escobar escucha a RR, a quien asignó a la defensora Celsa Medina para atender su caso.
El defensor adjunto Paublino Escobar escucha a RR, a quien asignó a la defensora Celsa Medina para atender su caso.

Ella, a la que identificaremos con sus iniciales RR –al igual que los demás involucrados en su caso– explicó que fue adoptada en abril de 1997.

En un verdadero desahogo, relató años de gestiones, entrevistas, visitas a personas e instituciones y hasta desavenencias familiares derivadas de su afán por conocer su familia biológica, sin resultado. La falta de empatía de las personas y de las instituciones para dar respuesta a este tipo de requerimientos solo aumentó la frustración a cada intento fallido.

Es que su caso no es para nada sencillo. Hay documentos que no coinciden, personas que al parecer se hicieron pasar por otras, versiones contrapuestas de una misma historia que, entrelazadas al oscuro pasado vinculado al bebetráfico, terminaron por cerrar las puertas ante la mínima consulta para tratar de tener una idea clara de su origen.

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Lo único en lo que todos coincidían es que su fecha de nacimiento fue 6 de junio de 1993, en Luque. A partir de ahí, todo lo demás está bajo sospecha, empezando por el nombre de la persona que figura como madre biológica, NR.

El expediente judicial por el cual se le otorgó adopción plena al matrimonio que la crió, refiere que la madre biológica la abandonó en la casa de la familia cuando la criatura tenía dos años, tras lo cual ya no se pudo dar con su paradero. El juicio se abrió a nombre de RR, pero no consta en el mismo certificado de nacimiento ni de nacido vivo.

La causa “RR sobre adopción plena nacional”, del año 1996, se inició en el juzgado de la niñez a cargo de Sonia Tellechea y concluyó el 31 de marzo del año siguiente, con sentencia dictada por la jueza Graciela Rolón que hizo lugar a la adopción de la niña a una familia paraguaya y determinó que la llamaran RE.

El expediente cuenta con 72 hojas, de las cuales faltan tres: 63, 64 y 68, siendo esta última la continuación del un AI (399) donde se declara en estado de abandono. En la primera parte de esta resolución, el juzgado resuelve “declarar en estado de abandono a la menor RR, de sexo femenino, de aproximadamente dos años de edad, sin reconocimiento sin inscripción en el Registro Civil”.

“En el relato dice que NR me dejó en la casa de ellos. No concuerda con lo que la mamá adoptiva de mi hermana de sangre me había comentado. Ella me dijo que se enteraron que había dos mellizas que estaban para la adopción, y que eso pasó en el aeropuerto, donde trabajaba”, comentó.

Otro dato llamativo es que la persona que figura como testigo de lo que pasó en aquel entonces, al ser consultada sobre el tema de la joven dijo que nada sabía.

En familia, el asunto siempre fue un completo tabú y su insistencia en conocer su origen fue motivo de discordia e interrupción de las relaciones.

Tras el fallecimiento de su padre adoptivo, la férrea exigencia de los demás hijos del matrimonio de excluir a nuestra entrevistada de la herencia generó un nuevo punto de conflicto que, sumado al anterior, terminó por alejarla de su familia adoptiva.

Ya adulta, recurrió al Registro Civil y para su sorpresa se encontró con que en el prontuario civil figura con un tercer nombre, RAR, registrado el 1 de agosto de 1993 como hija de NR y de un ciudadano libanés, TA.

Posteriormente, contactó con los supuestos padres, pero ambos negaron dicha condición.

En las averiguaciones que realizó nuestra entrevistada sobre el caso, logró acceder a su prontuario, donde figura la primera inscripción que se hizo para la obtención de su cédula de identidad. En dicho documento, NR hace constar que su domicilio está ubicado en un barrio capitalino.

La búsqueda sobre el caso le deparó una sorpresa mayúscula: la casa de su supuesta madre biológica había sido allanada en la década del 90, por funcionar en la misma a una guardería clandestina, de donde una comitiva judicial rescató a varios bebés.

Al indagar a los vecinos, apenas tocaba el tema y la charla era abruptamente interrumpida. El único que accedió a hablar del tema fue un taxista, que le confirmó que había un incesante entrar y salir de criaturas del lugar, además de los rumores de la conexión de NR con el tráfico de bebés e incluso recordó la intervención judicial, realizada a partir de la denuncia de vecinos. Sin embargo, el trabajador recomendó a nuestra entrevistada abandonar su búsqueda, porque se trataba de gente muy peligrosa.

RR sigue con las manos vacías y con más dudas de las que tenía al comienzo de su búsqueda. Confundida, cansada, desaminada tal vez, pero resignada jamás.

A instancias del fiscal adjunto Paublino Escobar, la defensora pública Celsa Medina indaga su caso.

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