Cárcel de Tacumbú, una “bomba de tiempo” que se escapa de las manos

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La Penitenciaría Nacional de Tacumbú, el mayor centro carcelario del país, se convirtió en una “bomba de tiempo” que se escapa de las manos de las autoridades, pese a los intentos de controlar el problema de su sobrepoblación penal, que orilla los 4.000 internos. A pesar del traslado semanal de 40 reclusos a Emboscada, el masivo ingreso de marginales sobrepasa a los que salen en libertad.

Los últimos datos estadísticos suministrados por un funcionario de la penitenciaría dan cuenta que hasta ayer la población penal alcanzaba los 3.838 internos, de los cuales solo 780 tenían condena.

“La morosidad es terrible, porque de la cantidad de reclusos que ya tienen condena es menos de la cuarta parte de la población penal”, resaltó el director de Tacumbú, Artemio Vera.

La cifra de hecho es ya alarmante, teniendo en cuenta que triplica la capacidad de albergue del reclusorio, que es de 1.200.

Según la fuente penitenciaria, el número de reclusos llegó a sobrepasar la marca de 4.000 en el transcurso de la semana, aunque después volvió a disminuir con el traslado de un contingente a las nuevas instalaciones de la cárcel de Emboscada.

“La única solución que tenemos es el traslado de 40 reclusos por semana a la cárcel de Emboscada, por disposición del Ministerio de Justicia y Trabajo. Allí se están terminando dos pabellones construidos con mano de obra de los propios internos”, informó Vera.

Según lo explicado, las celdas en Emboscada tienen capacidad para albergar tres convictos por celda. Hay 280 a 300 lugares en Emboscada en la parte nueva y unos 200 en el sector antiguo; es decir posee una capacidad para albergar unos 500 internos”, resaltó.

Cifra de ingresantes supera a reincidentes

No obstante, el mayor problema que afecta al hacinamiento en Tacumbú es que el promedio de marginales que diariamente ingresan al reclusorio supera por amplitud a los que recuperan su libertad.

Artemio Vera mencionó que un promedio de 20 a 25 internos ingresan por día en Tacumbú. No obstante, esta cifra es fluctuante si se tiene en cuenta que los lunes el promedio es de 30 a 35.

En contraposición, el promedio de convictos que recuperan su libertad es de 12 a 15 personas.
Esto crea el problema de los “pasilleros”, que se ven obligados a armar carpas precarias para dormir.