Con la muestra “El Anexo 1999”, de Perla Bajder, uno toma conciencia de cómo los juegos, juguetes por así decirlo, o elementos muy simples pueden encerrar un significado tan profundo. La exposición parte de la pregunta: ¿juegan o no los chicos en situaciones límites, en tiempos de guerra? Y si jugaban, ¿con qué jugaban?
De ahí que una de las primeras “visiones” que se pueden tener al ingresar a la muestra en el Museo Judío del Paraguay “Dr. Walter Kochmann” es el de la “Valija de madera” en la que se guardan piezas de ropitas y maniquíes. “Aparentemente es un juego, pero remite a los momentos en que los niños eran deportados y llevados a los campos de concentración. La valija es un ícono, un elemento fundamental, en que durante el holocausto los niños y grandes iban directamente hacia los campos de exterminio”.
Bajder, quien expuso esta muestra por primera vez en Cracovia (Polonia) en 1999, explica que “los elementos que incluye son fragmentos de la memoria. La memoria se va nutriendo de trozos de recuerdos que se van armando como un rompecabezas para poder entender lo que pasó, de qué se trató y qué fue. Entonces las piezas de la exposición se componen con elementos que los niños podían encontrar en las carpinterías donde ellos armaban sus propios juguetes”.
La muestra es una especie de memorial cuyo curador es el dibujante Toni Roberto. Incluye también “Testigos” que son unas cerraduras y bocallaves en forma de cabezas humanas colocadas en forma dispersa sobre paneles de lienzo.
Otra de las visiones del holocausto que se puede apreciar en esta exposición es la del “Pájaro pintado” que reproduce el relato de un novelista polaco en el que un chico deambula de campo en campo porque los padres (judíos) lo dejaron con una familia polaca para salvarle la vida. “Lo más impresionante es que en uno de los lugares donde queda el chico observa cómo los campesinos polacos no querían matar a las aves pese a que éstas invadían sus cultivos en tiempos de hambruna.
Cuando los conseguían cazar no los mataban sino los pintaban. Entonces, las aves volvían a sus bandadas pero la misma especie terminaba matándolas porque no las reconocía como un par, sino como diferente”.
En esta parte de la idea se juntan víctimas y victimarios donde las figuras de restos de madera de un lado son los vecinos, los campesinos, y del otro son soldados nazis.
“En realidad, lo que esta muestra busca transmitir es un humilde homenaje a todos aquellos chicos que no pudieron crecer por las persecuciones crueles que finalmente aniquilaron familias y destruyeron ciudades”, dice Bajder.
La artista también hace un paralelismo con la Divina Comedia de Dante Alighieri tomando situaciones que ocurrieron más recientemente en Argentina con la desaparición de personas durante la dictadura. En realidad –cuenta Perla Bajder– la desaparición de personas comienza en Alemania a partir de un decreto que toma Hitler de una obra de Wagner que se llama “Noche y niebla”. En principio, no se hablaba de exterminio, sino había posibilidad de matanzas esporádicas, por así decirlo. Y se habla al comienzo de la palabra “desaparecidos” como sinónimo de “van a la niebla de nadie”.
Cuando se sucedió el primer gobierno democrático luego de la dictadura en Argentina sucede que ese gobierno democrático dio custodia a quienes fueron los ideólogos de las matanzas, torturas y desapariciones de personas otorgándoles la obediencia debida.
“A mí me quedó flotando esa palabra y me vino otra visión al releer la Divina Comedia. Dante, en busca del objetivo de su viaje, que es su amada Beatriz, sobre la última parte del Purgatorio para entrar al Paraíso ella le dice que para seguir adelante tiene que haber una condición, que es la de perder la memoria bañándose en el río de Theos. Así recibe la obediencia debida”.
Empecé –continúa– a relacionar entre lo que fue el infierno simbólico de Dante con el infierno real que fueron los Campos de Auschwitz: “Esas comparaciones, esas relaciones sobre todo nos alertan de la posibilidad de que cualquier situación, aún en gobiernos que son democráticos, existe el peligro de la pérdida de identidad. Y la pérdida de identidad, tanto en la dictadura como en el nazismo trató de llevar a la persona a un grado infrahumano con las marcadas de números. Ya no eras una persona, sino tenías un número como un ganado, además de convertir a ese ser como si fuera un caracol, absolutamente despojado de toda humanidad. Ese es el mensaje”.
El anexo
Perla Bajder es reconocida internacionalmente como una artista que pinta, dibuja, graba, hace objetos, anota sus reflexiones, escribe relatos para niños y quienes dejaron de serlo.
“El Anexo 1999”, de Perla Bajder, se presentó por primera vez en Cracovia, Polonia, la única que no fue bombardeada.
Luego se presentó en Estados Unidos, en la Northeastern University, Boston, y en la Galería del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
“En Estados Unidos se inauguró el 10 de setiembre de 2001, y al día siguiente se atacaron las Torres Gemelas. Fue una experiencia terrible y trágica”, recuerda.
En nuestro país la muestra es posible gracias a la Embajada de Canadá y el Centro de Estudios Paraguayo Canadiense a cargo de Stael Ruffinelli de Ortiz. La muestra sigue abierta en el Museo Judío (Eligio Ayala 1530 c/ Perú). El horario es de martes a viernes, de 08:00 a 13:00.
