Desde que se casaron viven en la misma casa, propia, sita en el barrio Rodríguez de Francia; la vivienda es modesta y con todas las comodidades. Los protagonistas de esta realidad nos recibieron gentilmente para charlar sobre este tiempo que han pasado juntos. Rodolfo, jubilado bancario, cuenta que se conocieron por la calle: “Ambos teníamos 24 años. Como buen paraguayito un día me animé y le pregunté si la podía acompañar hasta su casa. Ella me contestó ‘como quieras’”. Juanita (que debió ser Johanna, pero las autoridades no quisieron anotarla con ese nombre) fue educada al estilo alemán, pero ella afirma que en igual medida pertenece al Paraguay que la vio nacer. Es hija de inmigrantes que llegaron a Paraguay para trabajar la tierra durante la época de la Primera Guerra Mundial. “Mis padres ya tenían parientes aquí, se ubicaron en Barcequillo, San Lorenzo. Hoy esa quinta es uno de los lugares favoritos de mi familia”. No pasó mucho tiempo para que, tras aquellas caminatas de Rodolfo y Juanita hasta la pensión donde ella vivía en Asunción, se pusieran de novios. Después de 2 años se casaron. Según narran, optaron por la austeridad: “Yo ganaba muy bien, pero ella nunca usó aros ni collares, les hacía la ropa a nuestros hijos, administraba maravillosamente el hogar, así ahorramos mucho y pudimos darles una buena educación a nuestros hijos y viajar por el mundo, sea por mi trabajo o por cuenta personal. Canadá, Europa, Egipto, Tierra Santa, vimos y vivimos demasiadas cosas juntos”, apunta Rodolfo con memoria envidiable. Los dos se mantienen sanos y ágiles. Juanita todavía es “la secretaria” que se ocupa de los trámites de la casa, ir a pagar impuestos, retirar y depositar dinero, etc.: “Voy en colectivo, me manejo perfectamente, solamente evito volver tarde”. Rodolfo agrega: “Nadie le para, hasta al techo se sube para controlar lo que hace el albañil. Además en el fondo de la casa llegó a tener su huertita, hasta 5 kilos de porotos cosechó”. En la alimentación se dan sus gustos sin abusar y llevando el control médico rutinario. Rodolfo, el incansable, no sabe hasta cuándo trabajará, ahora es contador y consejero tributario en un negocio de la familia.
Para Juanita fue muy importante la integración y el compromiso social a través de su parroquia; rememora contenta sus años de actividad en el grupo de trabajo dirigido por monseñor Rolón (párroco en aquel tiempo), acompañando con devoción la ayuda a los más necesitados. “Puedo decir que en mi barrio la gente me quiere”, confiesa sin vanidad.
¿Cómo lograron congeniar tan bien sus caracteres?
R: A mí me gustó su cultura de orden, disciplina y puntualidad. Lo acepté y adopté.
J: Así me enseñaron a ser, discreta, trabajadora y ahorrativa. Pero la base de nuestro entendimiento se basó principalmente en respetar a la familia del otro. Sin eso, no puede haber armonía en la pareja.
¿Sus hijos les reclamaron alguna vez algún punto de la educación recibida?
J: Nunca, ni cómo hicimos la repartición de nuestros bienes cuestionaron. Damos muchas gracias a Dios por la forma de ser de nuestros hijos.
¿Qué consejo les darían a las parejas jóvenes?
J: Que desarrollen la tolerancia, sepan tratarse y llevar los enojos. A las mujeres les diría que no se consideren objetos, que se valoren.
R: Yo les digo a los varones que hay que enamorarse bien de la mujer, porque si no hay una atracción permanente, no funciona, ¿me entiende?
Rodolfo, usted será uno de esos caballeros que ya no existen.
Ah, claro que sí. Un par de veces nomás me olvidé de su cumpleaños (ríe), yo decía: “¿Por qué será que viene tanta gente a merendar?”
Juanita apunta con una sonrisa: Es que en esa época estaba casado con el banco, no conmigo.
En estas décadas vivieron también los cambios sociopolíticos, ¿qué línea creen que levantará al Paraguay?
R: Yo soy colorado, en la época de Stroessner tuve que activar, usted ya sabe. Pero mi tendencia ideológica, la que creo más justa, es la de centro izquierda.
J: Esa también es la mía, los extremos no son buenos.
Una fiesta especial
Aunque pasaron momentos difíciles por la inseguridad reinante, nunca pensaron en irse del país, “este es nuestro lugar en el mundo”, afirman. En su tiempo libre, Rodolfo lee historia del Paraguay, mientras que Juanita prefiere la lectura de pasajes bíblicos o mirar el noticiero. El hogar se inunda con frecuencia de la algarabía de nietos (11) y bisnietos (3). Y no es para menos, siempre que aquí se llega, hay exquisita comida casera y, en días afortunados, repostería alemana.
Para las bodas de diamante, la pareja pensó en hacer una reunión pequeña, pero sus hijos Ninfa, Carlos Rodolfo, Alicia, Fernando y Édgar no permitieron que la fecha pase como un día más. Organizaron una gran fiesta en la quinta de Barcequillo donde se reunieron poco más de 100 personas entre parientes y amigos cercanos. Con sus propias manos, Juanita creó suvenires de las hermosas orquídeas de su jardín. “Nuestros hijos, también los hijos políticos, nos dieron una noche inolvidable. Nos sorprendieron con Juan Cancio Barreto y Gustavo Cabañas, ¡genial estuvo, cómo nos divertimos!”. Rodolfo cierra la nota con las palabras que pronunció el pasado 5 de abril públicamente: “Existe el amor a primera vista, y lo más maravilloso es que después de 60 años nos seguimos queriendo como el primer día”.
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