Cuando los misioneros norteamericanos de A Nuevas Tribus ingresaron para “civilizarlos” muchos murieron. Fue la última gran masacre en la época de los 80. Además de esas incursiones, entraron los estancieros y tampoco dudaban para matar a los indígenas.
El educador dijo que cuando sus padres salieron del monte, él tenía dos años. Ellos ya presagiaban la destrucción de los montes. Hoy solo imaginan cómo fue el monte, aquel lugar sagrado y productor de alimentos. “En el monte uno se enfrenta hasta al yaguareté. Nuestros padres teatralizaban esa lucha”, indicó.
Finalmente, se refirió al trato que les dan actualmente los paraguayos, y lamentó que aún no sean respetados. Hay discriminación; a los que trabajan no les pagan lo que corresponde, se atropellan los derechos, pero hay que avanzar para dejar de lado el concepto de que los indígenas son fáciles de engañar.