La escritora e investigadora de la conducta humana explicó que para entender mejor el contexto en el que hoy se produce la educación familiar es necesario reflexionar sobre el tipo de familia en la que crecen los niños y jóvenes.
También hay que fijar la mirada en la evolución histórica que la familia está sufriendo como institución en su intento de adaptarse a las nuevas exigencias y presiones de la sociedad.
La psicoterapeuta dijo que el inconveniente en este proceso son los estragos de nuestra propia infancia. El verdadero problema es la incapacidad que los adultos tienen para estar disponibles y satisfacer las necesidades de los niños para hacer que se conviertan en personas íntegras y honestas. Para ello es necesario revisar qué nos pasó; luego, observar qué hemos hecho con eso que nos pasó y, por último, qué seguimos haciendo hoy.
La profesional dijo que comprenderse uno mismo es la mejor arma a la hora de educar. Para ello hay que entender la totalidad de la biografía humana de cada individuo, hasta encontrar la lógica de sus dificultades para apoyarlo en beneficio de los niños.
Resaltó que se crea un vínculo seguro con los hijos amándolos, respondiendo a sus pedidos, estando atentos a sus necesidades, fusionándose emocionalmente con ellos.
“Un niño relativamente abandonado o no amado, no comprendido ni abrazado, será luego un individuo reaccionario. La violencia que generamos los adultos empezó, invisiblemente, en la insatisfacción de nuestras necesidades básicas cuando fuimos niños”, concluyó Gutman.
