Los responsables de los tres poderes del Estado deben hacer justicia para calmar las heridas de quienes perdieron a sus seres queridos en el Ycuá, pidieron ayer los pastores en la ceremonia ecuménica, frente al Memorial, al recordarse los once años de la tragedia.
“El 1 de agosto de 2004 marcó y cambió el curso de nuestras vidas. Y aún quedan 6 desaparecidas, con familias que no pudieron cerrar su duelo. Juicios en lo civil por resolver y está pendiente que la Secretaría Nacional de Cultura sortee la burocracia y que el exsupermercado pueda convertirse en un memorial y un centro cultural de referencia para la comunidad”, resaltaron, durante la lectura del manifiesto por los once años de la tragedia, las representantes de las víctimas y familiares Liz Torres y Bersabé Meza.
Afirmaron que son luchadores, que buscan derrumbar las puertas de la impunidad y del olvido. Y que lo hacen con rezos, cantos, marchas, escraches, sembrando lapachos, con fotos, banderas, palomas, velas, sonrisas, con manos abiertas y pasos firmes.
Enfatizaron que así como la historia de injusticia y del desprecio por la vida promovida por sectores autoprivilegiados, también narran sus historias desde la solidaridad con otros casos emblemáticos que afectan al Paraguay. Por eso gritan la consigna: “No hay paz sin justicia” y se adhieren a las voces de “basta ya de impunidad, corrupción y dictadura”, “¿qué pasó en Curuguaty?” y “liberen a Edelio”. Un momento emotivo se vivió a las 11:20 (hora en que se produjo la gran explosión en 2004), cuando las víctimas y familiares del Ycuá rodearon un perímetro donde había 400 sillas blancas vacías, con la bandera paraguaya de 50 metros que tenían pegadas las fotografías de los fallecidos. Y realizaron un minuto de silencio. Es la primera vez, en once años, que no sonaron las sirenas de los carros de bomberos para marcar “la hora del dolor”.
“Venimos a traerles nuestra solidaridad. Vamos a orar para que pronto se construya un centro de memoria y que no haya otro Ycuá Bolaños, nunca más. Sus seres queridos ya están en el cielo y son los abogados de ustedes ante Dios”. Así dijo el arzobispo de Asunción, monseñor Edmundo Valenzuela, durante la misa realizada ayer, frente al local siniestrado. Valenzuela puso a disposición de las personas que aún no superaron el duelo de la pérdida de sus seres queridos, el grupo de pastoral de la Iglesia para ayudarles a sanar sus heridas.
Aclaró una vez más que el Papa bendijo a todos los del Ycuá y que en todo momento quiso quedarse a saludarles pero, por la confusión que ocurrió, la comitiva no creyó prudente hacerlo.
