La nueva investigación vincula ciertas prácticas tempranas de la crianza –que son comunes en las sociedades de cazadores y recolectores– con resultados emocionales saludables y específicos en la edad adulta.
“El amamantamiento de los bebés, la respuesta cuando lloran, el contacto físico casi constante y el que haya varios adultos que se ocupan de la crianza son algunas de las prácticas de crianza ancestrales que han demostrado su impacto positivo en el desarrollo del cerebro, lo cual no sólo moldea la personalidad sino que ayuda además en la salud física y el desarrollo moral ”, dijo Narváez. (EFE)