El aborto: un problema familiar

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Animador: Nos reunimos para prepararnos para la Navidad, nuestra fiesta cristiana. Este año seguiremos dialogando sobre la familia, en su importante e insustituible papel de ser promotora de la vida.

Todos: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Señor, danos fuerza para acoger y defender la vida, en nuestra familia.

Animador: En esta Navidad, Dios hecho Niño, se acerca a nosotros, nos muestra su buena voluntad, nos da su gracia, nos invita a la reconciliación, a abrirnos a los demás, de manera especial a los miembros de nuestra familia.

Todos: Señor, danos fuerza para acoger y defender la vida, en nuestra familia.

Animador: Virgen María, tú que escuchabas y ponías en práctica las enseñanzas de Jesús, haz que nuestra familia y nuestro país, en esta Navidad, renueve su compromiso de vivir en la unidad y en el amor.

Todos: Señor, danos fuerza para acoger y defender la vida, en nuestra familia.

Animador: Recemos juntos el Padre Nuestro y el Ave María.

Canto.

Lectura Bíblica: Juan 3, 11-21

Reflexión

El Catecismo de la Iglesia Católica referente al aborto nos dice: “La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida. Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable.

El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral” (CIC 2270/2271). Pero tendríamos que preguntarnos en serio: ¿qué es lo que induce a las mujeres para cometer este acto tan abominable y criminal? La respuesta tendría que ser también sin rodeos. Muy pocas veces, rarísimas para ser más exactos, buscan el aborto por motivos médicos; esto es la excepción, y en tales casos no siempre es la mujer, sino el médico, el que establece la supuesta indicación.

La inmensa mayoría de los abortos provocados por nuestras mujeres son por razones económicas, por número de hijos, por falta de vivienda, por fracasos de métodos anticoncepcionales, etc. Un número menor de mujeres, a veces deciden hacerlo por comodidad o egoísmo, por razones sociales o por ocultar un error de conducta. Y todas, desde luego, por ignorancia. Esta ignorancia llega al punto de no darse cuenta ni siquiera que en primer lugar ponen en peligro su propia vida. Un artículo del diario ABC con fecha 11 de enero de 2010 ponía como título: “Unas 30 mujeres mueren por aborto en Paraguay”.

De cada 100 muertes maternas que se dan por año, un promedio de 30 corresponde a abortos, de acuerdo a datos proveídos por el Ministerio de Salud Pública. Entre 2006, 2007 y 2008 fallecieron por causa del aborto 90 mujeres cuyas edades oscilan entre los 20 y 39 años.

Los departamentos con más casos de abortos son Alto Paraná y Central. Cada año se registran más de 10.000 casos de aborto en el país por la insuficiente educación sexual y cobertura médica estatal, según los datos oficiales de Salud.

El problema del aborto es un problema también familiar porque generalmente en la “crisis del hogar”, en su más amplio sentido social, es donde encontramos el origen de este flagelo humano. Si no se afronta decididamente, y por todos los medios, y a costa de lo que sea, la manera de incrementar honradamente los ingresos familiares, de forma que estos marchen paralelamente al “costo de vida”, y no se logra un hogar más modesto y digno, nada podemos esperar de las medidas puramente coercitivas.

Debemos hacer eco de las propuestas de acción para contrarrestar estos males: “Promover la formación y acción de laicos competentes, animarlos a organizarse para defender la vida y la familia, y alentarlos a participar en organismos nacionales e internacionales” (DA 469/h).

Para el diálogo

¿Qué nos enseña la Iglesia sobre el aborto?
¿Hablamos en familia sobre las consecuencias de la práctica del aborto?
¿Por qué decimos que el aborto es también un problema familiar?
¿Qué podemos hacer como familia para evitar este flagelo en nuestra sociedad?
Oración de los fieles: Jesús, salvador del mundo del mundo, óyenos
Para que la vida humana sea respetada y protegida desde el momento de la concepción. Oremos.

Para que las mujeres se valoren a sí misma poniendo en primer lugar su propia vida. Oremos.

Para que no falte el pan y el trabajo en nuestras familias. Oremos.

Para que la crisis en el hogar se resuelva en un ambiente de diálogo ameno y oración. Oremos.

Compromiso

Aprovechar este tiempo de Navidad para visitar en familia a un pariente o vecino.

Volver a leer y compartir en familia el tema del aborto.

Oración final

Animador: Al culminar este encuentro llevemos en nuestro corazón la palabra que escuchamos y compartimos, esto nos ayudará a mirar la Navidad con ojos de fe y esperanza.

Todos: Señor, que esta Navidad ayude a transformar nuestra familia en santuario de vida.

Animador: Hemos reflexionado sobre nuestra familia reconociendo todo lo que significa en nuestra vida, es en ella donde se aprende a conocer y amar a Dios en los demás.

Todos: Señor, que esta Navidad ayude a transformar nuestra familia en santuario de vida.

Animador: Que cada familia en el Paraguay sea un lugar donde se acoja, se defienda y se promueva la vida.

Todos: Señor, que esta Navidad ayude a transformar nuestra familia en santuario de vida.

Animador: Recemos todos juntos pidiendo al Señor que mire con gran compasión y misericordia sobre las familias divididas y separadas, sobre los niños que no sienten el amor de sus padres. Que los integrantes de las familias paraguayas aprendan a acoger la vida como el don más preciado que Él mismo nos concedió. Por estas intenciones recemos todos juntos un Padre Nuestro y Ave María.

Canto.

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