Y para sortear los arroyos estaban los puentes, aunque la gran mayoría pasa desapercibida en la actualidad, pues el asfalto, las murallas y las construcciones han escondido sus perfiles.
Desde los primeros tiempos de la Asunción colonial, el arroyo Jaén era uno de los más importantes manantiales del casco urbano. Incluso, habría salvado a la capital de un gran incendio, menciona el Arq. Jorge Rubiani en su libro “Paraguaýpe”.
Tomó su nombre de la ciudad española homónima en los tiempos de la colonización. A su desembocadura en el río Paraguay denominaban Río Verde por el color verdoso de sus aguas.
Según referencias históricas, el cauce se originaba en un pequeño bañado que se formaba en la manzana delimitada por las actuales calles Chile, Piribebuy, Alberdi y Manduvirá. Este tramo se encuentra totalmente desaparecido, quizás entubado bajo las construcciones.
Quienes mejor recuerdan al arroyo Jaén son los vecinos del barrio San Jerónimo, que lo tenía por límites naturales hacia el norte. “Lo que más recuerdo de mi niñez es que el agua del Jaén corría al aire libre. Teníamos dos puentes colgantes precarios para ir a la costa del río. No estaba el actual puerto de contenedores y en la playa Carrasco podíamos lavarnos la cabeza y lavar la ropa entre planchas de piedra. Al otro lado, otro puente nos llevaba hacia la calle Garibaldi para surtirnos en los almacenes”, dice la profesora Limpia Allende, una de las antiguas pobladoras de San Jerónimo.
También era indispensable el contacto con sus aguas cristalinas en el verano y en rituales del Viernes Santo.
Hoy día solo una mínima parte del Jaén se deja ver, aunque totalmente canalizado. Los trechos más importantes son los que atraviesan el predio de la Armada Nacional desde Palma y Hernandarias hasta la Avda. Stella Maris para correr en forma paralela al puerto de contenedores. En todos estos tramos el curso hídrico sigue fluyendo, aunque en gran medida contaminado por conexiones clandestinas de aguas residuales y basura.
Según Esperanza Gill, en su libro “Testimonios de Asunción en sus 450 años”, desde su naciente, el Jaén recogía las aguas de varios afluentes como el de la Loma de la Encarnación, por la calle 14 de Mayo; el de la Plaza Italia, por la calle 15 de Agosto y el de la calle O’Leary para aumentar su otrora copioso caudal.
