El hijo querido

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Mt 3:13-17

Celebramos hoy la fiesta del Bautismo de Jesús en el río Jordán y con esta celebración terminamos el Tiempo de Navidad, que empezamos el 1 de diciembre del año pasado, con el primer domingo del Adviento. Mañana empezamos el Tiempo Ordinario.

Cuando Jesús fue bautizado “se oyó una voz del cielo que decía: ‘Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección’”.

Es una manifestación de la Trinidad y también una revelación de Jesucristo, como el enviado por excelencia de Dios.

Después de su bautismo por Juan Bautista, Jesús empezó su misión pública, anunciando el Evangelio, sanando a los enfermos y derrotando toda clase de espíritus impuros.

Nosotros recibimos el bautismo cristiano, muy distinto del de Juan Bautista, que era solamente una invitación para ser más honesto, más austero y menos vanidoso.

Nuestro bautismo es una inmersión en la vida del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, lo que significa una nueva creación, pues la gracia del Señor nos purifica y nos hace una nueva criatura.

¡Cuánto tendríamos que alabar a Dios por este don de su generosidad y cuánto tendríamos que agradecer al sacerdote o diácono que nos bautizó!

Sin embargo, vemos con tristeza, que para la mayoría de las personas el tesoro de su bautismo pasa como algo inexpresivo. Además, muy pocas personas celebran el aniversario de su bautismo, incluso ni siquiera saben la fecha en que fueron bautizadas.

El bautismo abre las puertas para recibir los otros sacramentos y nos libera del pecado, que es la raíz de todos los males que nos quebrantan.

Asimismo, somos regenerados y rehabilitados como hijos de Dios, pasamos a ser miembros de Cristo y este es el motivo de fiesta, ya que ahí está la fuente de la salud física y espiritual.

También somos incorporados a la Iglesia y recibimos el privilegio de participar de su misión. Reitero: es un privilegio ser convocado a participar de la misión de la Iglesia, ser y sentirse un miembro suyo. Esta misión es la misma del Hijo Querido del Padre: anunciar el Evangelio, sanar a los enfermos y derrotar los malos espíritus que nos seducen y nos machacan.

Por ello, hay que vencer el comodismo, que como espíritu impuro nos atrapa, y tener el cuidado de no enterrar los talentos que el Señor nos regala.

Debemos construirnos como Hijos Queridos del Padre y seguramente participar de la Misa todos los domingos es una actitud decisiva.

Además, renovemos en el corazón las Promesas de nuestro Bautismo.

Paz y bien.

hnojoemar@gmail.com