El doctor Francisco Arce Bazán (78), experto en cirugía, llegó a la entrevista acompañado por el Prof. Dr. César Sisa, su amigo y colega. Trae un par de libros, dice que empezó tarde como escritor, pero que ahora cumple lo que le faltaba después de plantar un árbol, casarse y tener hijos. Como médico conoce toda la provincia de Formosa, sus diversas poblaciones, su idiosincrasia. Al iniciar la charla, el Dr. Sisa recuerda: “Nuestra promoción (UNA) empezó en el año 54, éramos 208 alumnos y nos recibimos 53 en 1960. En aquella época había dos polos de atracción para los nuevos médicos: EE. UU. y el norte argentino. Los médicos paraguayos eran muy bien considerados y apetecidos”.
El Dr. Arce Bazán nació en Itacurubí de la Cordillera. Cursó la primaria en su pueblo y la secundaria en la escuela República Argentina. Se recibió de médico y cirujano en la UNA. Poco después viajó a la provincia de Formosa sin sospechar lo que le deparaba el destino: el desarrollo profesional y también sentimental, pues conoció a María Gloria Sánchez, con quien tuvo 4 hijos y formó una familia estable y feliz. “Mi ejercicio profesional en Formosa fue una casualidad –cuenta el doctor–, concurrí de paseo y me agarró un temporal de lluvia que duró como 15 días. Ahí conocí a un sinnúmero de personas que había atendido en Asunción, en el Hospital de Clínicas. Ellos empezaron a entusiasmarme, tal es así que me designaron como titular de una sala de primeros auxilios del interior de Formosa. Acepté, para ir a conocer. Cuando llegué me encontré con gente que no conocía la actividad médica. Mucha pobreza material y espiritual. Y me dije que era triple desafío de educación sanitaria, asistencial y de recuperación”. Actualmente, el Dr. Arce Bazán trabaja en Formosa capital en sanatorios privados. “Mis colegas jóvenes, quienes me ven como a un amigo mayor, me preguntan: ‘¿Cómo hacés para seguir trabajando?’”. Emprendedor incansable, el Dr. del pueblo se integró también en el ámbito sociocultural, siendo el primer fundador y director del Rotary Club Las Lomitas. Tres de sus hijos se hicieron paraguayos por opción y residen en Paraguay.
-Inició su carrera con poquísimos medios.
- Mi única herramienta en ese momento era mi formación profesional. Nuestra formación fue muy sólida, no solo en lo académico; también en lo cívico, y sobre todo en la atención del paciente, la misma que mantengo hasta hoy. Lo primero que el paciente busca cuando acude al médico es atención, que se lo escuche. Así se establecen lazos de confianza con el médico, y luego uno saca sus conclusiones, finalmente se hace la anamnesis, que son las preguntas necesarias en relación a la patología que requiere el paciente.
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–Se dice que ese trato lo dan solo los médicos mayores.
–Lo que ocurre ahora es que el sistema de remuneración muchas veces no es lo suficiente, el médico joven quiere alcanzar un nivel de vida más o menos importante y corre de un lugar a otro. La consulta que tenía que ser de 25 minutos dura 2 o 3. Se pierde la comunicación necesaria. El paciente no es un número de cama, ni una patología agrupada, es una persona con derecho a la vida.
–¿Cuántos años trabajó en el interior de Formosa?
–25 años, luego me trasladé a la capital formoseña, donde ahora ya tienen hospitales de alta complejidad. El interior también mejoró desde el tiempo en que yo atendía en hospitales choza. En Las Lomitas teníamos un hospital improvisado en una casa de familia, no obstante pudimos avanzar en cirugía, ginecología y obstetricia. Hoy cuenta con un hospital con todos los servicios y aparatología.
–¿Por qué no regresó a Paraguay?
–Justamente lo explico en mi relato. Cuando llegué a la pobrísima colonia Riacho He’ê eran todos paraguayos y descendientes de paraguayos. Eso alivianó un poco la deuda que sentía por haber sido tan bien formado en mi país y estar trabajando en el extranjero. En el interior no tenía medios de diagnóstico ni nada, pero la gente me dio estímulo y me enseñó que el respeto que me tenían merecía que yo los respetara de igual manera.
–“El doctor del pueblo” es un sentido título.
–Así me llamaban; es más, decían “mi doctor”, con posesión. Empecé a trabajar recorriendo la zona en bicicleta, después me compré un jeep y al año un autito. Escribí el libro de manera anecdótica, hemos pasado tanto con mi mujer y mis hijos, haciendo tantas cosas que pensamos que eran correctas; y no nos equivocamos, porque hoy vemos los resultados. No quise que lo vivido quedara solo en la mente de los pobladores.
–¿Por qué cada vez hay más enfermos?
–Esa es una estadística que siempre estamos trabajando los médicos de Formosa y estamos preocupados. Hay más enfermos, diría, porque aumentó la población y por algo que yo no logro comprender: el famoso estrés, la vida agitada.
–¿Cuál es su concepto de salud?
–Para mí la salud no es ausencia de enfermedad, la salud es educación, vivienda y medioambiente. En primer lugar está la salud, por eso se insiste en la atención primaria: vacunación y prevención. Y luego el medioambiente, cuántos ríos se están perjudicando por los efluentes tóxicos de las minas. Esa agua nosotros la tomamos. Ahora se está peleando eso en Formosa; se cree que hay tanto cáncer porque el agua no es completamente pura, debido a estos tóxicos que no se pueden eliminar.
–Hace 50 años, ¿qué se decía del cáncer?
–Le teníamos mucho respeto pero lo único que podíamos hacer era tratarlo quirúrgicamente. Hoy se ha avanzado muchísimo en el diagnóstico, lo que permite un tratamiento precoz; se ha avanzado notablemente en la radioterapia, quimioterapia, en otros tratamientos. Mi madre murió a causa de un linfoma en 1978, lo mismo que superó el presidente Lugo.
–Siendo científico, ¿cree en los milagros?
–Sí, ese es un capítulo aparte. Soy muy creyente, pero para ayudar al Gran Médico hay que prepararse, estudiar, ser puntual y respetuoso de la vida.
Carrera ejemplar
El Prof. Dr. César Sisa, decano de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad del Pacífico, fue quien gestionó que la presentación de “El Doctor del pueblo. Las Lomitas y Formosa” se diera en un escenario académico. “Quiero que el libro sea un estímulo y ejemplo para los médicos jóvenes que no se quieren ir al interior del país porque dicen: ‘Ahí no hay nada’. Que sepan que se puede triunfar en el ambiente más sofisticado, como lo hizo nuestro compañero el Dr. José Luis Riquelme en la clínica Barraquer de Barcelona, pero también en lugares alejados desarrollando la medicina comunitaria, como lo ha demostrado con creces el Dr. Arce Bazán”.
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