Llevó tiempo para que los automovilistas y peatones respetaran los semáforos, aunque estos últimos no fueron siquiera tenidos en cuenta, hasta la segunda etapa. Un suelto del 23 de mayo de 1976 decía que “muchos conductores y peatones podrían tomar ejemplo de los rumiantes, tan disciplinados como tranquilos”, indicando que los vacunos parecían saber el momento preciso del juego de luces para cruzar la bocacalle.
Ante los cuestionamientos, poco después de habilitarse los semáforos, la Comuna debió aclarar en conferencia de prensa que “el peatón tenía prioridad en los cruces con semáforos”.
Según una evaluación de 1975, los flamantes semáforos redujeron la cantidad de accidentes de 54 registrados en los cuatro meses anteriores a 15 en igual lapso posterior. El arrollamiento al peatón representaba el 24% de los percances.
La primera etapa de semaforización incluyó 60 cruces de un total de 112 que se había fijado y que se fue haciendo a duras penas en subetapas.
Recién en octubre de 1977 se anunció la instalación de los dos primeros semáforos peatonales en Herrera y Tacuary y Choferes del Chaco y Mariscal López. Cada aparato costaba G. 29.280.
Durante la administración del Gral. Porfirio Pereira Ruiz Díaz, en noviembre de 1979, se anunció la colocación de 25 semáforos peatonales sobre Cerro Corá “pues son una gran necesidad para agilizar el tránsito”. De los instalados dos años antes, el de Mcal. López y Choferes del Chaco no funcionaba. El único que estaba operativo era el del Centro.
Al parecer, el proceso de luces peatonales se retrasó, pues en febrero de 1980 se presentó en la Junta Municipal una minuta en la que se advierte que el “sistema de semáforos instalado en las calles de Asunción solamente sirve para los conductores y no para los peatones”. Estos, muchas veces siquiera podían ver el juego de luces por la “posición adelantada”; es decir, la mala ubicación en que estaban, con relación a la bocacalle.
En 1981, debido a la gran afluencia de gente, se instalaron los dispositivos peatonales en Palma y en Estrella en su intersección con Chile, junto con otros puntos para proteger a los olvidados de siempre en las calles: los peatones.
DESUBICADOS
Los actos de vandalismo tampoco estaban ausentes. La oficina municipal de semáforos denunció en noviembre de 1979 la presencia de “un individuo desubicado o maniático que viene disparando sobre los semáforos”. Todas las señales luminosas fueron dañadas al parecer por una misma persona porque se encontraron proyectiles de calibre 38 “que fueron a dar en el foco de luz verde”.
Según las características, los disparos se dieron desde un auto. “Siete aparatos fueron destruidos el domingo por la noche y la reparación le cuesta a la oficina pertinente más de 8 mil guaraníes, cada uno, sin contar el precio de los cristales que cuestan mucho más”. Se dañaron los de Mcal. López y Perú, Tacuary y Abay, y Perú y Azara, entre otros.
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