La fe en los poderes milagrosos del agua del Pozo de la Virgen tuvo su auge hacia el año 1950, según los datos que manejan en la diócesis de Caacupé. Anteriormente, hacia 1938, los feligreses se congregaban en una fuente ubicada en la compañía Azcurra, a cuyas aguas también se les adjudican poderes curativos para los males físicos.
En la década de los 50, era un sitio muy desordenado. Solo había una plaza, el pozo no tenía brocales ni verja. Era solo la fuente rodeada de precarias casillas de vendedores de alfarerías y artículos de piedad.
Después, monseñor Ismael Rolón, siendo obispo de la diócesis, mandó construir el brocal y la verja de protección que tiene el manantial.
Cuando monseñor Demetrio Aquino estuvo en la cabeza del obispado, se consiguió el título de propiedad. En 1989 se edificó la réplica del antiguo templo utilizando los mismos materiales y fue dedicada a la Sagrada Familia.
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy
Hace unos tres años, ante la contaminación del manantial, la diócesis de Caacupé, bajo la administración de monseñor Claudio Giménez, autorizó a la Empresa de Servicios Sanitario del Paraguay (Essap) la instalación de un sistema de distribución de agua tratada, que es la que actualmente consumen los promeseros.
