Durante la entrevista realizada en su residencia de Asunción, Odilonia viuda de Chamorro nos contó que tuvo una vida de sacrificios y victorias llevada adelante con mucho amor a sus hijos.
Recordó que ella trabajaba con su esposo, llevando cargas desde el Mercado de Abasto hasta el Mercado Cuatro, a partir de la una de la mañana.
Cuando falleció su marido ella ni siquiera sabía conducir el camión que con tanto sacrificio pagaban su cuota mensual, según rememoró. Pero la necesidad y su gran amor de madre le permitieron dejar el miedo atrás y aprender a conducir el camión de carga, para seguir con el trabajo que había iniciado con su marido.
Indicó que se levantaban a la una de la mañana y estaban de regreso entre las 10:00 y las 11:00 de la mañana.
“Yo cocinaba, lavaba, planchaba y cuidaba de mis hijos, sin la ayuda de ninguna empleada. Cada uno de ellos tenía sus responsabilidades y trabajaban en lo que mejor sabían hacer”, resaltó Ña Odilonia, quien dijo que como madre sabía y valoraba sus esfuerzos.
Agregó que algunos de sus hijos se dedicaban a cargar las pesadas cargas al camión, otro le acompañaba para la venta de las verduras y frutas que ella traía del mercado, y con la ayuda de su hija mayor, Hermenegilda, y la otra hija hacía empanadas para vender.
Recuerda que sus siete hijos y ella dormían a las 6 de la tarde. Se levantaban a la medianoche para ir a cumplir sus labores diarias, de lunes a lunes, haga frío o calor.
“Todos mis hijos ayudaban con mucho sacrificio. Nadie se quejaba. Al contrario, todos participaban con alegría del trabajo que realizábamos. Nunca les permití que faltaran a la escuela, y eran buenos alumnos, muy dedicados”, así indicó Odilonia viuda de Núñez, que el 1 de enero pasado cumplió 72 años.
Todos sus hijos (arquitecto, administrador, contadores, analista de sistemas) y sus siete nietos le agasajaron resaltando el gran deber cumplido como madre y el gran ejemplo de vida honesta, sacrificada, llena de amor al trabajo que aprendieron de su madre.
Pérdida de valores
Según ña Odilonia, actualmente los padres ya no le dedican el tiempo para hablar con sus hijos. Ya no comparten la mesa familiar, que es una de las costumbres que facilitan la unidad familiar y para escucharles sus problemas y darles consejos a los hijos.
Manifestó que hay mucha inseguridad ciudadana en el país. Cuando uno sale no sabe si va a volver a su casa. “El celular con el que los jóvenes pudientes están todo el día mensajeando es el principal medio para que los jóvenes delincuentes, en su mayoría drogados, maten para robar”, expresó, y añadió que el celular es muy importante para trabajar y comunicarse, y que no está en contra de la tecnología, pero no hay que exagerar, hasta el punto de que las personas ni siquiera tengan tiempo para compartir en familia y dialogar.
“Estoy muy feliz como madre por el deber cumplido. Ahora ya estoy recogiendo lo que sembré en ellos. Son cariñosos, me tienen en cuenta en todo, son honestos, son profesionales responsables, solidarios y estudiaron para salir adelante en la vida. Les enseñé con el ejemplo el trabajo honesto a toda prueba y a luchar por sus ideales y a amar al prójimo”, apuntó.
Odilonia viuda de Chamorro hace 10 años que, por prescripción médica, dejó de trabajar en el transporte de carga pesada, debido a una lesión en la columna. Y como ya estaban realizados todos sus hijos, como profesionales universitarios, con buen trabajo, se dedicó a visitar en su camioneta, todas las tardes, a los enfermos de su barrio, porque pertenece a la Legión de María.
Recordó con cariño a ña Francisca, una abuela de 95 años que vivía sola en el barrio y le trajo a vivir en su casa. No tenía ni partida de nacimiento y sus hijos se preocuparon mucho por la situación.
“Cuando mis hijos me preguntaban cómo haría cuando muera la abuela y no podía enterrarla porque no tenía ni cédula, yo dije: ‘Dios me va a guiar’. Vivió en casa 10 años. Y pocos meses antes de que muera ña Francisca, recibí la visita de una persona que promocionaba seguros de sepelio y de vida. Le inscribí a la abuela, y ellos se encargaron de todos los trámites. Cuando ña Francisca falleció, a los 105 años, ni siquiera tuve que pagar los gastos del sepelio. El seguro cubrió todos los gastos. Y más que nunca me convencí de que Dios provee si el acto está hecho con amor”, dijo.
A ejemplo de la madre
Hermenegilda Chamorro (52), hija mayor de ña Odilonia, a quien encontramos en pleno trabajo de remodelación de la casa materna, nos dijo que se casó con un ingeniero civil cuando cumplió 40 años y tuvo una hija que ahora tiene 12 años.
Tres años después de casarse, su marido sufrió un derrame cerebral que le dejó en cama. Ella se encarga personalmente del cuidado de su marido, con amor y comprensión.
Con lágrimas en los ojos Hermenegilda, que es arquitecta de profesión, dijo que está feliz del deber cumplido. “Cumplí con la promesa hecha a mi padre: darles un título a todos mis hermanos, con la ayuda de mi madre”, resaltó.
Recuerda que ella, estudiando el quinto año de arquitectura, en la facultad, igual seguía ayudando a su madre para el traslado de las cargas del Abasto al Mercado Cuatro. Afirmó estar orgullosa de sus hermanos. Los siete tienen un título universitario. “Mi madre, que me enseñó con el ejemplo de vida el amor al prójimo, el sacrificio, la responsabilidad, a luchar por los ideales y ser agradecidos a Dios. Ahora me puedo pegar el lujo de aceptar solo el trabajo que me gusta, de los tantos que me ofrecen. El ejemplo de vida de mi querida mamá es una linda historia de amor y sacrificio que llevaré por siempre en el corazón”, concluyó.
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