De carácter siempre rebelde, caprichosa y exigente, se ganó el apodo de “la pichona anarquista”.
Inteligente, despierta, la ponían siempre a prueba dado que era nieta del sabio Bertoni, y habitualmente estaba rodeada de personalidades del ámbito intelectual.
Aun siento pequeña, sus padres regresaron a Puerto Bertoni, donde fijaron residencia. En dicho lugar doña Claudina vivió sus primeros años con su familia. Y al cumplir los tres años, sus padres se mudaron a Asunción. Actualmente, vive en su residencia ubicada en Cap. Domingo Ortiz y Cnel. Basualdo, Barrio Villa Guaraní, en compañía de su hija María Bolsia y su hijo Guillermo Eduardo.
Recuerda hoy que Guillermo Tell adquirió una quinta, “El Retiro”, en San Lorenzo, donde disfrutó de una feliz niñez en un ambiente campestre, pleno de plantas de guavirá, donde disfrutaba de los juegos infantiles con su hermano Guillermo Eduardo.
Se entretenía con su perro Cañón y su loro Pancho, a quien enseñaba sus versos inventados: “Cotorrita del alma, quereme un poquito que estoy loco de amor”.
En el transporte denominado “trencito” la familia viajaba desde San Lorenzo hasta Asunción. El abuelo Moisés, cuando los visitaba, siempre llevaba regalos para todos. Compartía con la familia largas charlas alrededor de la mesa durante amenos almuerzos. Claudina se sentaba al lado de su querido abuelo, este la mimaba mucho, y le ponderaba diciendo: “Cómo me gustan las muchachas sin cejas”.
Estudió de niña en el colegio María Auxiliadora; fue pupila en la institución y compartía los almuerzos con las niñas mayores. Caprichosa en la elección de los alimentos, prefería intercambiar su plato lleno con uno vacío de alguna de las jóvenes.
Despierta, inteligente, sus examinadores de ciencias naturales siempre la ponían a prueba, más aún siendo la nieta de Moisés Bertoni. Claudina afirma que aunque a veces le fue difícil, siempre salió airosa de dichos exámenes.
Dadas las actividades de su padre, tuvo la oportunidad de tratar con exponentes de la cultura, como Manuel Domínguez, Narciso Colmán, Javier Bestard, el Dr. Andrés Barbero, Pablo Alborno o el Dr. Migone.
Prefirió continuar con sus estudios secundarios, pese a que en aquella época lo habitual era que las jóvenes estudiasen el magisterio. Para ser admitida en el Colegio Nacional, institución exclusiva para varones, reunió a un grupo de amigas con igual interés y así el grupo de chicas fue inscripto en la citada casa de estudios.
Meses después, al ocurrir una revuelta estudiantil en dicha institución, su padre, temeroso de que ocurriera alguna desgracia, le prohibió la continuación de sus estudios.
Así optó por capacitarse en manualidades y dibujo. Fueron sus profesores Pablo Alborno y Jaime Bestard. Además aprendió declamación con la profesora Celia Cuevas. Viajó a Buenos Aires, y al volver, conoció a quien sería luego su esposo, José López Moreira, con quien se casó a los 19 años.
Fue madre de tres hijos: Santiago, María Bolfia y Guillermo Eduardo.
Enviudó en 1976, y se dedicó a la enseñanza de tejido a dos agujas y con ganchillo o crochet. Habilidosa, participó de la “Feria de los artistas” de Herman Guggiari en 1978, donde ganó el premio “Mujer artesana del año” con su obra realizada a ganchillo, un pesebre.
Activa integrante de la Asociación de Damas Suizas, colaboró con ellas durante su participación en las ferias del Coneb. Sus colaboraciones con la Sociedad Suiza de Beneficencia fueron continuadas por su hija María Bolfia.
La honran, homenajean y felicitan por su onomástico el presidente de la Sociedad Suiza de Beneficencia, David Gerber, los miembros del comité de la sociedad, la presidenta de la Asociación de Damas Suizas, Griselda Krebser, y el grupo de señoras, y los suizos residentes en el Paraguay, siendo Claudina Lidia Bertoni Vda. de López Moreira su más longeva socia.
