“Afectar una naciente o un curso hídrico está penado por la Ley 716 de ‘Delito Ecológico’. Es una pena que se haya autorizado la obra de Trinidad en zona de nacientes”, manifestó Velázquez, máster en recursos hídricos y geología, coordinador de estas carreras en la Universidad Nacional de Itapúa.
El exdirector de recursos hídricos de la Secretaría del Ambiente (Seam) y asesor del Parlamento en el sector lamentó la falta de respeto y cumplimiento de las leyes, decretos y resoluciones reglamentarias que protegen las áreas de las nacientes y de los cursos hídricos.
La Ley 3239/07, “De Recursos Hídricos”, establece áreas de protección de nacientes.
“En zonas urbanas no se pueden realizar obras ni alterar el ecosistema hasta 10 metros de una naciente. En otras zonas, esta área de amortiguamiento es de hasta 100 metros”, sostuvo el profesional.
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Presión hidrostática
Velázquez resaltó que las nacientes son afloraciones de acuíferos, que en este caso es el Patiño.
“Debido a la presión hidrostática del acuífero, las aguas salen a la superficie. Así se tienen nacientes (ykua). La suma de ellos forma un caudal que son arroyos y luego ríos”, señaló el experto.
“Es difícil restituir el daño. El acuífero, al verse taponado en su descarga, ha de buscar por otro lugar para fluir. Si se evita la obra, si se recompone todo, hay que forzar al acuífero a volver a salir por el mismo sitio, y esto es pedir demasiado”, dijo.
Resaltó que la naciente es diferente a una “vena” de agua que también se ve afectada y deja a los pozos secos. Estas “venas” secas quedan con un orificio peligroso que obliga, por lo general, a la tierra a “acomodarse”, y producir así hundimientos.
Críticas a la Seam
Velázquez dijo que quedó en evidencia que la Seam no está haciendo bien sus deberes de fiscalización y estudio antes de otorgar una licencia. “Jamás la Dirección de Recursos Hídricos y las dependencias de control pudieron autorizar algo sin realizar un buen estudio”, dijo.
