“Oiméne ynambu sevói
pe ñúre morotîmba
teteu ijayvu joa
jahasávo iñangekói..”
Tal cual. Como dice la canción “Che Vallemí”, de Enrique Torres y Eladio Martínez y que habría sido dedicada originalmente a Ybytymí, según cuenta Mario Rubén Álvarez en su libro “Las voces de la memoria”. Pero el tiempo quiso que fuera adaptado a cualquier lugar, a lo largo y ancho del país.
Caminar estos días por el Parque Ñu Guasu es encontrarse con senderos que se abren paso sobre un campo abierto coloreado de blanco, amarillo y lila. En el paseo se observa el revoloteo de aves o su parsimonioso paseo entre los pequeños “lirios” y se escuchan cantar a las últimas cigarras de la temporada.
Estas florecillas nos remontan a los más bellos momentos de nuestra infancia.
Pulula en el sur del Brasil, Uruguay, Paraguay y zonas del centro y norte de Argentina con diversos nombres comunes, pues existen más de cien especies. Pertenecen a la misma familia de los ajos y las cebollas (Amaryllidaceae y Liliáceas) y sus nombres científicos responden a Nothoscordum y Zephyranthes, que existen en gran variedad.
Como si fuera una colorida alfombra bajo el cielo nublado de estos días atrapa la atención de las mariposas, las aves y todo tipo de insectos. Su presencia crea un microclima ideal para disfrutar de una flora robada a los humedales.
Lo más típico de estas plantas tan presentes ante nuestros ojos y tan enigmáticas a la vez, es que son de las pocas que responden a la baja presión atmosférica y, por eso, su floración siempre presagia lluvia. !Que traigan más bonanza!
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Fotos: Arcenio Acuña
