Arrancó un nuevo año, y mucho depende de nosotros para crecer en familia. Aprender juntos a establecer pequeñas y medianas metas hará la vida presente y futura más interesante. La doctora Susana Vázquez, psicóloga del Centro Pradeh, aclara: “Propósito significa intención firme, cuya realización dependerá exclusivamente de nuestra constancia y entrenamiento. El propósito es un pacto con nosotros mismos y será el alimento que nos motivará durante el año a ponernos en acción para alcanzar las metas que nos fijamos”.
–¿Qué valor aportan los padres cuando estimulan y participan en la fijación de propósitos?
–Cuando los padres se involucran, le dan a esta apertura hacia el futuro un apoyo fundamental, ayudan a sus hijos a visualizar posibilidades nuevas. Enseñarles a los hijos a fijarse metas les ayudará a sentirse valerosos y deseosos de hacer realidad sus objetivos. De paso, los estamos educando y entrenando en el trabajo, el empeño, la tenacidad y el esfuerzo, entre otros valores importantes para el crecimiento.
–¿Cuál debe ser el ambiente para sellar este pacto?
–Antes que nada, hay que elaborar todos juntos una lista de propósitos donde se contemple “el compromiso con uno mismo” de terminar todo lo que se empieza. Esto es muy útil para los niños, sirve para que se sientan capaces de concluir una tarea y encaminarlos a lo que sería la “misión cumplida”.
–“Año Nuevo, metas nuevas”, ¿hasta dónde es posible?
–Todo año es una nueva etapa. Es bueno hablar con los hijos de todo lo bueno y lo malo que ha pasado en el año para no tomar los errores como fracaso, sino como aprendizaje. Es un modo de animarlos a que siempre miren hacia adelante.
Pequeñas grandes metas
Los propósitos son distintos de acuerdo a la edad:
* Niños hasta 3 años: Lavarse las manos antes de comer. Compartir sus juguetes. Dejar los pañales. Dejar el chupete.
* Niños de 4 a 6 años: Recoger los juguetes. Lavarse los dientes después de comer. Comer solitos. Vestirse solos.
* Niños de 7 a 9 años: Hacer sus deberes escolares y sacar buenas notas. Ayudar en alguna tarea de la casa. Hacer algún deporte. No ver tanto la TV. Ponerse el cinturón de seguridad en el auto. No estar mucho tiempo ante la computadora.
–¿Cómo lo encaramos con los adolescentes?
–Al adolescente se puede involucrarlo a fin de que desarrolle empatía y sentido solidario y comunitario. Por ejemplo, si es el encargado de sacar la basura y siempre protesta por ello, podemos hacer que otro de los hijos o uno de los padres lo haga. A cambio de ello, el adolescente deberá llevar a cabo una de las tareas que realiza otro miembro, sea dar de comer al perro, lavar los platos de la cena, pasar la aspiradora, acompañar al más pequeño al partido de la escuela.
–Haríamos un intercambio de tareas.
–Sí, siempre podemos hacer lo que al otro no le gusta y que no es tan terrible para nosotros. Con esto desarrollamos la empatía, que es una emoción importante para vivir en la sociedad, nos permite conocer lo que sienten los demás. Esto también les ayuda a desarrollar la disciplina y el compromiso, entender que cuando uno promete algo, debe cumplirlo. Con ejercicios de participación sencillos, caseros y diarios, estarán mucho mejor preparados para vivir en comunidad de forma saludable y madura.
No olvidemos dar las gracias
“Propiciar las expresiones de agradecimiento por todo lo que cada uno haya hecho por el otro; rememorar las ocasiones en que nos hemos apoyado, soportado, comprendido”, aconseja la doctora Vázquez. Desempolvar las frases que tenemos en nuestro interior o empezar a utilizarlas: “te quiero”, “te admiro”, “sos importante para mí”, “gracias por estar”.
Finalmente, la profesional promueve: “No olvidemos perdonarnos las metidas de pata y errores cometidos, limpiar nuestro interior de cargas que nos atrasan y nos ligan a la tristeza, el miedo y el fracaso. Cuando nos perdonamos, cuando expresamos perdón, nos liberamos y liberamos a los demás. Es una excelente manera de comenzar el 2013”.
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