Rosi Amarilla (44) nació en Asunción y es la fundadora-directora del Montessori Children’s Home. En sus años universitarios empezó Ciencias Contables pero dejó por Marketing y Publicidad. Trabajó a gusto en una importante agencia de publicidad local, pero fue en 1997, radicada en EE.UU., cuando encontró su verdadera pasión en la docencia Montessori –está titulada a nivel internacional y estadounidense–. Recordemos que María Montessori (1870-1952) fue una científica italiana, educadora, pedagoga. Creó el método que lleva su nombre, conocido también como “la pedagogía de la responsabilidad y de la autoformación”. El método Montessori basa la educación del niño en el amor y el ambiente.
Rosi o “Miss Rosi”, como la llaman los niños, descubrió su vocación gracias a ser una mamá preocupada. “Me había casado con un ciudadano americano y nos fuimos a vivir a Miami. Cuando nació mi hijo me puse a buscar un jardín que me gustara. A través de una amiga llegué a una escuela Montessori y me enamoré del método. Con señas, porque no hablaba español, le pregunté a la directora si podía ir de oyente. Después pasé a ser voluntaria e hice con ellos el campamento de verano; terminado el campamento, la misma directora me pidió que trabajara en la escuela porque le encantaba la conexión que yo tenía con los chicos. Me dijo también que llevara a mi hijo (Jorge, hoy de 17 años), quien fue prácticamente becado; tuve mucha suerte, estos colegios son carísimos allá y en todos lados”.
–Estás iniciando tu proyecto Montessori en Paraguay.
–Sí, tengo entendido que ya existe esta línea en otras escuelas, pero yo me dedico específicamente al jardín de infantes, que va de 1 año y medio a 5 años, aunque tengo licencia para enseñar primer grado.
–Empezaste con pocos alumnos pero las aulas son muy espaciosas.
–Es todo nuevo, este año inauguramos el jardín. Sí, el espacio es esencial. Tenemos a los niños de 3 años mezclados con los de 5 y, los de menos edad, están separados. Mantenemos juntos a los más grandes, porque hay una teoría que dice que los chiquitos aprenden de los más grandes, y aprenden mejor de sus pares, prestan más atención. Así también, cuando los más grandes enseñan, refuerzan el aprendizaje ya obtenido.
–¿Cómo es una clase?
–Utilizamos materiales especiales. El salón de clase se divide en áreas: de matemática, lenguaje, sensorial, vida práctica, geografía, ciencias, entre otras. Los niños pueden tocar los materiales y en su práctica tienen un control de error, es decir que si se equivocan, ven cómo y por qué. Dentro del salón de clase los niños eligen las lecciones de acuerdo a su capacidad e interés. Como no les aburre, al contrario los despierta y entusiasma, a veces hasta quieren volver del recreo antes de que termine.
–Hacen mucho énfasis en la responsabilidad.
–Sí, porque todo lo deben manejar con orden, colocar las piezas después de usarlas tal como las encontraron.
–¿Cuál es el rol de las maestras?
–Las maestras somos guías. Tengo dos por clase; obviamente tratamos de abarcar todas las áreas para que el niño tenga un desarrollo integral. Mantenemos mucho diálogo, un detalle importante es que nos agachamos para poder mirar mientras conversamos, no hablamos “desde arriba”.
–¿Qué significa la individualidad?
–Que el niño es único e independiente. Respetamos sus tendencias. Los niños son tratados individualmente, y si bien trabajan juntos, aquí ninguno es comparado con otro.
–Si vienen hasta los 5 años, ¿se adaptarán después a otras escuelas?
–Es la pregunta que hacen los padres. Y la respuesta es sí, porque salen aptos para desarrollarse en cualquier ambiente. Aquí el niño aprende a tener por sí mismo orden, horarios, formas personales de trabajar, una metodología de vida.
–¿Creés que los padres hoy buscan una educación distinta?
–Sí, con la globalización, los padres están muy abiertos. No creo que vengan por la enseñanza bilingüe, hay muchas escuelas que ofrecen eso. Los padres buscan algo que rompa la estructura de lo convencional. Eso hacemos nosotros: desestructurar.
–¿Cómo enfocan la autoridad?
–De esa palabra no hablamos, de respeto sí. Es nuestra base el respeto a uno mismo, al compañero, al ambiente.
–El maltrato en los jardines y guarderías es un problema real.
–He escuchado hablar de eso, qué terrible. Tengo cámaras para que los mismos padres puedan monitorear constantemente con sus celulares. Lo hago para su tranquilidad, porque yo confío en mi gente, hice una selección importante de chicas, todas paraguayas, especiales y muy profesionales.
–¿Cómo te sentís invirtiendo en Paraguay?
–Estoy feliz, confiada, haciendo bien las cosas. Puse en este proyecto todo lo que ahorré en EE.UU. De allá traje los materiales didácticos en un container. En Miami sigo teniendo las puertas abiertas para volver a trabajar, mi directora fue un ángel en mi vida. Costó un poco readaptarme (los trámites en el Ministerio fueron mil idas y venidas), pero aquí estoy comenzando el cambio que quiero para mi país.
–¿Qué reflexión montessoriana nos podés citar?
–(Piensa) Una corta que me gusta dice: “Si la ayuda y la salvación han de llegar, solo puede ser a través de los niños. Porque los niños son los creadores de la humanidad”.
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