En el marco de la “economía verde”, del desarrollo sostenible, la propuesta que se debatirá en la Conferencia de Río+20 (20-22 junio, en Río de Janeiro) es apuntar a la eliminación de los modelos de tratamiento de relleno sanitario de los residuos sólidos urbanos porque está reconocido que tiene influencia perjudicial para el suelo, vegetación y fauna, la degradación del paisaje, las contaminaciones del aire y las aguas y, en general, para todo lo que pueda atentar contra el ser humano o el ambiente.
Millones de toneladas de basuras domiciliarias, industriales, hospitalarios y escombros son vertidos cada año de forma incontrolada o mal “controlada” en terrenos cercanos a los cascos urbanos o rurales, bajo el nombre de vertederos o basureros.
En nuestro país, uno de los peores ejemplos se tiene con el vertedero Cateura, de la Municipalidad de Asunción, gerenciado por la firma Empo. Está en una zona del humedal del río Paraguay (amenazado ahora por la crecida) y se levanta como una gran pirámide, que en un futuro no muy lejano será el “atractivo paisajístico” de Asunción: la pirámide de basura de Paraguay, un monumento que desnudará nuestro pobre desarrollo.
Impacto ambiental
Los vertederos causan impactos ambientales y sobre la salud pública. En la infografía que se publica en esta página, se resume esos impactos que se generan a partir de las reacciones químicas y biológicas entre los ingredientes de los residuos orgánicos e inorgánicos.
Los lixiviados son las aguas oscuras que dejan escapar la basura orgánica en descomposición que, ayudadas por las lluvias, son arrastradas, dañando la calidad del suelo, del aire y del agua (superficial y subterránea).
Justamente, la Agencia de Medio Ambiente de los Estados Unidos (Usepa) registra hasta 200 compuestos diferentes presentes en los lixiviados en los vertederos de residuos sólidos urbanos. Algunos, cancerígenos, como el cloruro de vinilo, cloruro de metilo, tetracloruro de carbono, clorobencenos (de los que destaca el hexaclorobenceno, por su toxicidad) y arsénico.
El plomo, cadmio y el mercurio son metales pesados presentes en los lixiviados de los vertederos. La mayor cantidad de plomo procede de las baterías de coches, aparatos electrónicos, vidrio, cerámica, pigmentos, etc.
El plomo ocasiona lesiones cerebrales en los niños e hipertensión arterial en adultos. El mercurio produce lesiones renales y neurológicas.
Las fuentes de cadmio y mercurio son las pilas. El cadmio se encuentra en los aparatos electrónicos, plásticos, etc., y produce lesiones renales y hepáticas.
El cromo también está presente, y es cancerígeno. Se utiliza, principalmente, para dar el color “azul” al cuero.
Los vertederos, como de Cateura, de la empresa Empo; y el de Cerrito, de El Farol (vertederos más grandes de nuestro país), son obras que demandan muchos recursos económicos (máquinas, tierra, recursos humanos) y pierden dinero porque derrochan la energía que podría aprovecharse con el metano y por no entrar al mercado de carbono.
De los gases contaminantes y los peligros
Ineludiblemente, los vertederos contaminan el aire. Deterioran la calidad del aire que respiramos.
El gas metano es el principal producto logrado con la descomposición o fermentación anaeróbica (en ausencia de oxígeno) de los residuos orgánicos. Es un gas sumamente explosivo (hay casos Latinoamericanos) y causante de los incendios que se producen en los vertederos.
El metano y otros gases generados a partir de los vertederos, como el anhídrido carbónico, producido durante la quema de las basuras, son los responsables principales del calentamiento global o efecto invernadero.
Otros gases emitidos en los vertederos son el cloruro de vinilo, benceno, tricloroetileno y cloruro de metilo. Todos ellos tienen efectos tóxicos o cancerígenos.
En un caso de incendio de una pirámide de basura, igual que Cateura, se pudo comprobar la emisión de gases sumamente tóxicas (dioxinas). Fue por la presencia en el vertedero de residuos con productos clorados, como los plásticos de cloruro de polivinilo (PVC) usados en envases de alimentos y bebidas, embalajes, juguetes, tuberías, etc.
Como consecuencia de la combustión de los productos clorados (muchos de ellos en nuestros vertederos), se emite también el ácido clorhídrico, que ocasiona afecciones respiratorias e irritación de las mucosas.
Otros productos clorados son los recipientes de todo tipo de insecticidas.
Expectativas de Río+20
En Río+20 se tratará el tema de la basura desde dos aspectos: primero, dar solución al problema actual, con nuevas tecnologías de tratamiento de los desechos orgánicos e inorgánicos. Con los primeros se producirán gases que estarán controlados con sistemas de captura e industrialización para fuente energética, o simplemente producir compost o tecnosoles (aplicados en suelos degradados para su fertilización). En todos los casos, estas prácticas generarán certificados de carbono, que es dinero seguro.
El segundo componente del tema residuos, en la agenda de Río+20, es buscar acordar con los países desarrollados una campaña para reducir el hábito del exceso de consumo (se compra en cantidad o se sirve en cantidad, se consume poco y el resto se tira). Salir del modelo “comprar, usar poco y tirar” que genera cantidad inimaginable de residuos.
Además, los productos de consumo tienen un exceso de embalaje, o son envasados con materiales no reutilizables ni reciclables, como los plásticos, y, una vez finalizada su utilidad, se “tiran a la basura”. Sin embargo, la basura no desaparece, sino que se traslada, la mayoría, a vertederos.
Se espera que expertos oficiales de nuestro país aprovechen el encuentro de Río+20, para traer la tan esperada solución integral al problema de la basura.
