Animador: Nos reunimos para prepararnos para la Navidad, nuestra fiesta cristiana. Este año dialogaremos sobre la vida consagrada, es decir, sobre la vocación que sienten varones y mujeres para entregar totalmente sus vidas al servicio del Reino de Dios.
Todos: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Señor, danos muchas y santas vocaciones consagradas al servicio de tu pueblo.
Animador: En esta Navidad, Dios hecho Niño se acerca a nosotros, nos muestra su buena voluntad, nos da su gracia, nos invita a la reconciliación, a abrirnos a los demás, de manera especial a los miembros de nuestra familia.
Todos: Señor, danos muchas y santas vocaciones consagradas al servicio de tu pueblo.
Animador: Virgen María, tú que escuchabas y ponías en práctica las enseñanzas de Jesús, haz que nuestra familia y nuestro país, en esta Navidad, renueve su compromiso de vivir en la unidad y en el amor.
Todos: Señor, danos muchas y santas vocaciones consagradas al servicio de tu pueblo.
Animador: Padre Santo, que revelaste tu voluntad de que todos los hombres se salven, suscita en nuestra Iglesia jóvenes que quieran entregar totalmente sus vidas al servicio de tu Reino.
Todos: Señor, danos muchas y santas vocaciones consagradas al servicio de tu pueblo.
Animador: Recemos juntos el Padre Nuestro y el Ave María.
Canto.
Lectura bíblica
Hechos 2, 32. “Es un hecho que Dios resucitó a Jesús; de esto todos nosotros somos testigos…”, Lucas 2, 22-33
Nuestras reflexiones de Navidad en Familia este año 2014 se refieren a los consagrados al servicio del Reino de Dios, es decir a los sacerdotes y religiosos. Comencemos aclarando que la vocación a la vida consagrada es un don y un misterio. Dos palabras que sintetizan la vida consagrada. Se fundamenta en la iniciativa divina y en la libre acogida humana. “¿Por qué Dios me eligió a mí para ser sacerdote o religioso y no a otros, mejores que yo?” es una pregunta que con frecuencia se hacen los consagrados. El sacerdote no es “sucesor” de Cristo, sino que por la consagración sacramental, hace presente a Cristo, sobre todo en la celebración eucarística, en el sacramento del perdón y en la predicación de la Palabra de Dios.
Aventurarse a abrazar la vida religiosa o sacerdotal es cuestión de audacia. Y esta audacia es fruto de la gracia de Dios y de nuestra colaboración. Y en este tiempo en que el ser testigo de Cristo por medio de la vida consagrada parece una aventura sin éxito se necesita mucha audacia para decidirse a ser testigo personal de Cristo resucitado. Y de esta realidad, vivida de una manera totalizante, arranca la luz y la fuerza que evita la frustración para “colgar la sotana”. Si no se vive la presencia de Cristo resucitado, no se puede comprender ni vivir el sacerdocio ni la vida consagrada.
“En un mundo en que el amor está siendo vaciado de su plenitud, donde la desunión acrecienta distancias por doquier y el placer se erige como ídolo, los que pertenecen a Dios en Cristo por la castidad consagrada serán testimonio de la alianza liberadora de Dios con el hombre y, en el seno de su Iglesia particular, serán presencia del amor con el que «Cristo amó a la Iglesia y se entregó a Sí mismo por ella» (Ef 5, 25). Serán, finalmente, para todos un signo luminoso de la liberación escatológica vivida en la entrega a Dios y a la nueva y universal solidaridad con los hombres”. (Puebla, Conclusiones 749).
Las personas que libremente optan por la vida consagrada viven los consejos evangélicos: pobreza, castidad y obediencia. Todos los bautizados están llamados a vivir estos tres consejos; sin embargo, los que eligen la vida consagrada lo hacen como una manera de vivir una consagración más íntima a Dios, bajo el impulso del Espíritu Santo, se proponen seguir más de cerca a Cristo, entregarse a Dios amado por encima de todo e intentar que toda su vida esté al servicio del Reino.
Preguntas para el diálogo:
1- ¿Conozco a sacerdotes, religiosos, monjes, laicos consagrados que, con la profesión de votos viven su consagración como entrega total a Cristo? Podemos compartir experiencias.
2- Según el texto, ¿Cuáles son las dos palabras que sintetizan la vida consagrada? ¿Por qué?
3- ¿Por qué, según entiendo, hay sacerdotes o religiosos que abandonan la vida consagrada?
Oración de los fieles: A cada oración respondemos juntos, Jesús, ayúdanos a ser fieles y perseverantes seguidores tuyos.
Para que la Iglesia siga anunciando la abundante redención por medio de los consagrados y consagradas a ejemplo de Cristo Redentor. Roguemos al Señor.
Para que la Palabra de Dios, viva y eficaz, llegue al corazón de las familias, y suscite en ellas jóvenes deseosos de responder con generosidad a la llamada del Redentor. Roguemos al Señor.
Para que las personas consagradas sean un signo de Dios en los diferentes ambientes de la vida, sean levadura para el crecimiento de una sociedad más justa y fraterna. Roguemos al Señor.
Por el aumento de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada para las diócesis y, para las congregaciones. Que, en esta Navidad, el llamado de Dios a servir a su pueblo como sacerdote o religioso sea escuchado por los jóvenes y sus familias. Roguemos al Señor.
Por los gobernantes de todas las naciones, para que sea su prioridad la atención al más necesitado. Roguemos al Señor.
Por los que participamos en estos encuentros de Navidad en Familia, para que un día también participemos en la mesa celestial. Roguemos al Señor.
Compromiso
-Rezar por los consagrados en familia.
-Averiguar cuántos sacerdotes y religiosos sirven en la parroquia en la que estoy, conocer sus nombres y cómo viven esta consagración.
-Valorar con gratitud la vida consagrada y profundizar en el conocimiento de los diferentes carismas y espiritualidad.
Animador: Al culminar este encuentro llevemos en nuestro corazón la palabra que escuchamos y compartimos, esto nos ayudará a mirar la Navidad con ojos de fe y esperanza.
Todos: Señor, que esta Navidad renueve la fe y el amor en todos los consagrados al servicio de tu Reino.
Animador: Hemos reflexionado sobre la vida consagrada reconociendo la belleza de responder generosamente al llamado de Dios.
Todos: Señor, gracias por la vida y el testimonio de todos los consagrados que, con fidelidad y perseverancia, colaboran en la construcción de tu Reino.
Animador: Que cada familia en el Paraguay sea un lugar donde se aprenda a conocer y a amar la vocación a la vida religiosa y sacerdotal como un medio de servir a Dios y a su pueblo.
Todos: Señor, ayúdanos a reconocer tu presencia en la vida de los consagrados a tu servicio.
Animador: Recemos todos juntos pidiendo al Señor que mire con gran compasión y misericordia sobre la vida religiosa en nuestro país, y que suscite personas consagradas que vivan su vocación con entrega generosa y esperanza alegre. Por estas intenciones recemos todos juntos un Padre Nuestro y Ave María.
Canto.