SAN BERNARDINO, Dpto. de Cordillera (Desiré Cabrera, de nuestra redacción regional). Liz Fretes es licenciada en enfermería y ahora está culminando su posgrado en cuidados críticos. Hasta mayo estuvo trabajando en el Hospital Nacional de Itauguá en cobertura de vacaciones.
Ahora aguarda un milagro de Dios para conseguir un trabajo en algún hospital público para ayudar más a su familia y a su padre.
Comentó lo que el Vicario de Cristo le dijo durante el tiempo que apoyó su frente a la de él, luego de leer su testimonio frente a miles de jóvenes en la Costanera, de Asunción, el domingo 12 de junio. Liz cuida de su madre María Victoria (49) que padece Alzheimer y de su abuela Agustina (84) desde hace más de tres años.
La joven vive en el barrio Virgen de Caacupé de este distrito. Distribuye su tiempo entre el cuidado de su madre y su abuela, sus estudios y el trabajo en la Pastoral Juvenil de la parroquia de San Bernardino.
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“Es una persona maravillosa que te brinda tranquilidad, paz y una mezcla de emociones que hacen que esto haya sido una experiencia única”, expresó.
Liz recordó que estuvo varios minutos en contacto directo con el Papa. En esos momentos sintió que solo eran él y ella en el mundo.
“El papa Francisco me dijo que soy valiente, una guerrera y que Dios necesita más personas como yo en el mundo. Me alentó a que siguiera luchando, ya que soy un ejemplo para otros jóvenes de mi edad”, dijo.
Le confesó su deseo de ser religiosa y Francisco hizo un gesto y con una gran sonrisa le dijo: “Liz, vos no te das cuenta de que con lo que estás haciendo ya sos una religiosa”.
El papa Francisco le obsequió cuatro rosarios; uno para ella, otro para su abuela, uno más para su madre y el último para su tía, que la ayuda en el cuidado de su madre y su abuela.
“Ahora más que nunca quiero seguir trabajando en la Pastoral Juvenil de mi parroquia y seguir sirviendo a quien lo necesite”, expresó.
Su madre María Victoria (49) sufre de Alzheimer, por lo que no dimensionó todo lo que ella vivió. Al llegar a su casa solo le dijo que se alegraba mucho de verla porque ya la extrañaba mucho, después de tres días sin verla. Sin embargo, ayer fue entrevistada por un canal de televisión y fue muy expresiva, algo que no sucedía desde que se enfermó, comentó emocionada Liz.
Explicó que su padre cuida varias casas en la “Villa Veraniega” y de noche trabaja como sereno, con lo que sostiene económicamente a su familia.
