El Papa pide practicar la hospitalidad en la Iglesia

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Practicar la hospitalidad con el hambriento, con el sediento, con el forastero, el desnudo, el enfermo y el que está en prisión, pidió ayer el papa Francisco a los miles de fieles participantes de la misa que ofició en Ñu Guasu. Afirmó que la Iglesia debe ser la casa de la hospitalidad.

El gran lodazal en que se convirtió ayer el campo de Ñu Guasu no fue obstáculo para que miles de fieles abarrotaran el lugar para participar de la misa que presidió el papa Francisco, quien se despidió anoche de nuestro país luego de tres días de visita pastoral.

Anibal Velazquez El gran lodazal en que se convirtió ayer el campo de Ñu Guasú no fue obstáculo para que miles de fieles participaran de la misa que presidió el Papa Francisco, quién ayer luego de tres días de visita pastoral se despidió de nuestro país.

En su homilía, el Santo Padre invitó a los paraguayos a practicar la hospitalidad. “Cuánto bien podemos hacer si nos animamos a aprender el lenguaje de la hospitalidad, del acoger. Cuántas heridas, cuánta desesperanza se puede curar en un hogar donde uno se pueda sentir recibido”, indicó el sucesor de Pedro.

Francisco enfatizó que esa hospitalidad también se debe practicar con el hambriento, con el sediento, con el forastero, con el desnudo, con el enfermo, con el preso, con el paralítico, así como el que no piensa como nosotros, con el que no tiene fe o la ha perdido; hospitalidad con el perseguido, con el desempleado.

El Papa insistió en que esa hospitalidad igualmente se debe practicar con las culturas diferentes, de las cuales esta tierra es tan rica, con el pecador.

Aclaró que hay algo que es cierto, no podemos obligar a nadie a recibirnos, a hospedarnos; es cierto y es parte de nuestra pobreza y de nuestra libertad, “pero también es cierto que nadie puede obligarnos a no ser acogedores, hospederos de la vida de nuestro pueblo”.

Siguió diciendo que “nadie puede pedirnos que no recibamos y abracemos la vida de nuestros hermanos, especialmente los que han perdido la esperanza y el gusto por vivir”.

Resaltó la belleza y la importancia en que las parroquias, capillas, lugares donde están los cristianos, sean verdaderos centros de encuentro con Dios.

En otro momento, sostuvo que el discípulo se siente invitado a confiar, se siente invitado por Jesús a ser amigo, a compartir su vida, y agregó que los discípulos son aquellos que aprenden a vivir en la confianza de la amistad.

Dijo que el evangelio nos habla de este discipulado y que Jesús no los envía como poderosos, como dueños, jefes, cargados de leyes, normas. Por el contrario, les muestra que el camino del cristiano es transformar el corazón.

El Sumo Pontífice explicó que son dos las lógicas que están en juego, dos maneras de afrontar la vida, la misión.

“Cuántas veces pensamos la misión en base a proyectos o programas. Cuántas veces imaginamos la evangelización en torno a miles de estrategias, tácticas, maniobras, artimañas, buscando que las personas se conviertan en base a nuestros argumentos. Hoy el Señor nos dice muy claramente: en la lógica del Evangelio no se convence con los argumentos, con las estrategias, sino aprendiendo a alojar”, puntualizó el papa Francisco.

Francisco reveló que reza por todos los paraguayos

El mundo recibió ayer la bendición del Papa a través del Ángelus que se rezó al termino de la misa que se oficio en el campo de Ñu Guasu. El Ángelus es el anunció de la Encarnación de Hijo de Dios.

Francisco comenzó el acto dando las gracias al arzobispo de Asunción, Edmundo Valenzuela Mellid, en agradecimiento por su visita.

Indicó que “al terminar esta celebración dirigimos nuestra mirada confiada a la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra. Ella es el regalo de Jesús a su pueblo. Nos la dio como madre en la hora de la cruz y del sufrimiento. Es fruto de la entrega de Cristo por nosotros. Y, desde entonces, siempre ha estado y estará con sus hijos”.

En su reflexión sobre María apuntó que ella ha entrado en el tejido de la historia de nuestros pueblos y sus gentes. “Como en tantos otros países de Latinoamérica, la fe de los paraguayos está impregnada de amor a la Virgen. Acuden con confianza a su madre, le abren su corazón y le confían sus alegrías, sus penas, ilusiones y sufrimientos”, remarcó.

El Papa señaló que la Virgen los consuela y con la ternura de su amor les enciende la esperanza y pidió que dejen de invocar y confiar en María, madre de misericordia.

Al terminar sostuvo: “Sé bien cuánto se quiere al Papa en Paraguay. También yo les llevo en mi corazón y rezo por ustedes y por su país”.

Prometen no quedarse en sus despachos parroquiales

El arzobispo de Asunción, monseñor Edmundo Valenzuela, pronunció un breve mensaje de agradecimiento al Sumo Pontífice, en el cual se comprometió junto con los demás obispos y representantes de la Iglesia paraguaya a no quedarse “instalados en los despachos parroquiales y escritorios pastorales”, sino ponerse en marcha hacia una Iglesia cercana a la gente, misericordiosa con todos, en especial con quienes más sufren.

Dijo que estos días de la visita pastoral “fueron días de Pascua y Pentecostés, recordando y poniendo en práctica el mandato evangélico de Jesús, el envío misionero universal” y recordó que desde el año pasado, la Iglesia comenzó a prepararse con el Evangelii Gaudium.

“En la preparación al encuentro con usted, la Conferencia Episcopal Paraguaya, mediante una carta pastoral incisiva, comenzó a ponernos como Iglesia, en espera gozosa del encuentro con Jesucristo”, para que la evangelización produzca los frutos esperados de una Iglesia más misionera. “La riqueza de nuestra religiosidad popular nos invita a no quedarnos en el devocionismo estéril o en una liturgia separada de la vida, sino desde el Templo con la palabra de Dios proclamada, meditada, rezada durante eucaristía, lanzarnos a la misión, haciéndonos cada vez más discípulos del Señor”, mencionó monseñor Valenzuela.

Concluyó diciendo que se dejaban contagiar del “ardor misionero” del papa Francisco para que “la vida y la dignidad de los más pobres alcancen la plenitud de vida que Jesús nos ofrece”.

Reclamo a pastores

Si bien la homilía del Santo Padre en la misa central de Ñu Guasu se centró en la figura de la Virgen María, en una parte lanzó un fuerte reclamo a la Iglesia y a sus pastores, para que no se encierren ni se aíslen de la realidad.

Se refirió a los discípulos de Jesús a quienes los envió “dándoles reglas claras y precisas” y los desafía con una serie de actitudes y comportamientos.

En cada una de sus intervenciones puso énfasis en ciertas palabras como “encuentro”, “solidaridad”, y en su homilía de ayer fue la palabra “confianza”.

Al respecto mencionó que la confianza se aprende, se educa y se va gestando en el seno de una comunidad, en la vida de una familia.

En otro momento, el Papa habló del “mal que precede a nuestros pecados” y poco a poco va carcomiendo nuestra vitalidad: la soledad. En este punto, se refirió a la misión de la Iglesia, partiendo de lo que expresa en su encíclica Evangelii gaudíum (Evangelio de la alegría).

Lo que de hecho ha marcado como lema trasversal de este pontificado, es la significación de la alegría a la que constantemente hace referencia y esta no fue la excepción cuando dijo que “lo propio de esta Iglesia, de esta madre, no sea principalmente gestionar cosas, sino aprender la fraternidad con los demás”.

Finalmente mencionó que “la Iglesia es madre, como María. En ella tenemos un modelo. Alojar como María, que no dominó ni se adueñó de la Palabra de Dios sino que, por el contrario, la hospedó, la gestó y la entregó. Alojar como la tierra que no domina la semilla, sino que la recibe, la nutre y la germina.