Fe, tradición y costumbre campestre en honor de la Virgen de la Asunción

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Destreza y habilidad en el manejo del animal, piques en el rodeo y obediencia del caballo al que lo monta, brindaron ayer los jinetes de varios puntos del país a la Virgen de la Asunción. La tradicional manifestación que el hombre del campo ofrece al patrono en su día llegó esta vez a la capital, acompañada de una variada gastronomía, para deleite de los asuncenos.

La tradicional jineteada, que hace doce años ofrece la Asociación de Jinetes del Paraguay a la Virgen de la Asunción, recibió en la víspera a centenares de personas que acudieron al Seminario Metropolitano para disfrutar del manejo de los animales.

La fiesta campestre comenzó en la Catedral Metropolitana hasta donde llegaron lo jinetes para traer en procesión la imagen de la Virgen. En el trayecto se sumaron los motoqueiros y los ciclistas y una vez en el predio del Seminario comenzó la fiesta. Representantes de casi todos los departamentos ofrecieron su habilidad en el montado de los caballos.

Las bellas amazonas que dejaron sorprendidos a los varones por su belleza no quedaron atrás. En el improvisado rodeo demostraron su habilidad en el montaje y de cómo hay que tener las riendas del animal. La presencia de las mismas, además de la admiración, generó suspiros de los caballeros.

Los varones, en cambio, vibraban en cada destreza que ofrecían al público. Fue una fiesta total.

El presidente de los jinetes, Delfín Guimaraes, dijo que la exhibición ecuestre es una manifestación de la fe del hombre del campo a su protectora. Agradeció a todos los jinetes que llegaron de varios puntos del país para demostrar a los asuncenos la tradición campestre. “Esto es fiesta. Dejemos de lado las peleas y trabajemos juntos por un nuevo Paraguay”, dijo el dinámico dirigente que cada año se asocia a la fiesta de la patrona de los asuncenos.

El arzobispo de Asunción, Mons. Edmundo Valenzuela, también se asoció a la fiesta llevando la bendición a los participantes y al mismo tiempo deseándoles que mantengan vivas las tradiciones del campo.

Pero no solamente la destreza en el manejo del caballo fue la atracción; a los costados del rodeo se instalaron decenas de puestos donde se vendían asado a la estaca, chipa asador, asado a la olla, sopa paraguaya, batiburrillo, chorizos, así como las bebidas a precios muy accesibles.

Esta vez los hombres y las mujeres del campo alegraron a los asuncenos. Una gran fiesta que también tuvo música a cargo de una bullanguera bandita.

avelazquez@abc.com.py