Según los últimos indicadores de ciencia y tecnología en el Paraguay, la doctora Rojas es la que más producción científica tiene en el país. Es bióloga y tiene un doctorado en zoología aplicada, por la Universidad de Gales, Reino Unido. Coordina proyectos del Centro para el Desarrollo de la Investigación Científica.
Trabaja en el área de enfermedades tropicales, específicamente control de vectores. Especialista en leishmaniasis y mal de Chagas.
Rojas de Arias fue miembro del Conacyt hasta el 2012 y hoy forma parte de la Comisión Científica Honoraria de la misma institución. Fue una de las impulsoras del Programa Nacional de Incentivo al Investigador (Pronii).
–¿Qué se sabe de la leishmaniasis y mal de Chagas en los últimos años?
–Son enfermedades prevalentes en América Latina, son temas de salud pública. Buscamos soluciones para el control de estas enfermedades. Buscamos compuestos antiparasitarios que traten de lograr tratamientos eficaces contra estos males.
–¿También en detectar tempranamente la enfermedad?
–Buscamos herramientas que nos permitan detectar de manera temprana la presencia de vectores de la enfermedad en las casas, como el caso del mal de Chagas. En muchos casos, luego del rociamiento de las casas, los vectores pueden repoblar. La detección temprana es importante para el control de la enfermedad.
–¿Cómo lo hacen?
–Con trampas censoras. Son unas cajas que tienen feromonas, que atraen a las vinchucas (insectos hematófagos que transmiten el mal de Chagas) y estas se quedan atrapadas. Se las detectan cuando hay muchas en la casa. Se esconden entre los enseres y las paredes, principalmente.
–¿Esto ya se aplica en el Paraguay?
–El Programa Nacional de Control de la Enfermedad de Chagas ya comenzará a usar este método. Esa es la finalidad de nuestra investigación. Además de la publicación, queremos que se implementen los conocimientos en la sociedad.
–¿Trabajan con otros organismos?
–Sí, tenemos alianzas estratégicas. Hicimos un convenio con la Facultad Politécnica de la UNA, con la que desarrollamos los censores para poner en las cajas, para que estas puedan llevarse, por ejemplo, al Chaco, a más de 700 km de aquí.
Cada sensor enviará una señal a una computadora que registrará la presencia de vinchuca. Vamos a automatizar la detección.
–¿Cuál es la situación de la enfermedad hoy en el Paraguay?
–Nuestro país es un ejemplo del control del mal de Chagas. En la Región Oriental hay corte de transmisión, es decir, no hay transmisión vectorial. Lo mismo que en Alto Paraguay. Solo en Boquerón y Presidente Hayes la enfermedad es endémica.
–¿Se puede eliminar la enfermedad?
–Eliminar sí, erradicar no. La vinchuca vive en el monte. Uno de los aportes al conocimiento que hicimos fue demostrar que no está solo en el bosque, sino también en el monte, gracias al adiestramiento que hicimos a un perro ovejero llamado Nero. La alteración ambiental desplazó a las poblaciones de vectores a las casas.
–¿La deforestación acarrea también enfermedades transmitidas por vectores animales?
–Sí, son enfermedades zoonóticas, entre animales. Cuando el hombre interviene accidentalmente en el ciclo normal de la naturaleza, se dan estos casos. Cuando se va de cacería o, en el caso del Chagas, cuando construye una vivienda en mal estado, permite entrar a la vinchuca.
–¿Qué hay que hacer para paliar esto?
–Hay que marcar una distancia ecológica entre las enfermedades zoonóticas y las poblaciones humanas. No es una distancia en metros. Hay que respetar los ciclos. Al mejorar los factores sociales, como disminuir la pobreza o las malas condiciones de viviendas, se va marcando la distancia ecológica.
–Hay mucho debate acerca de la inversión en ciencia. Si debe hacerse sólo en investigaciones aplicadas o también en ciencias básicas. ¿Cuál es su postura?
–En Paraguay tenemos que crear una masa crítica de investigadores. No podemos sacrificar la investigación básica. Es como querer construir un edificio sin hacerle la base. Un país requiere de investigadores que hagan investigación básica para luego innovar. Hay que darle valor al producto de investigación científica.
–¿Qué significa darle valor?
–Cuando estamos creando el sensor de detección de vinchucas, lo que hacemos es saber dónde está la enfermedad, eliminar la población y así evitar enfermos y, por lo tanto, se reduce el gasto en salud.
–¿Cómo evalúa el estado actual de la ciencia?
–Somos un país con poca tradición científica. Entre los 50 y 60 hubo una importante investigación de médicos, pero luego eso se perdió durante la dictadura. Paraguay vivió aislado de la investigación. Y, hasta hace poco, se veía a la investigación como un gasto y no como una inversión.
–¿Eso cambió?
–Sí, hasta casi el 2007, la ciencia para el Ministerio de Hacienda era un gasto. Ese cambio de visión surge a raíz de que el Conacyt comenzó a tener proyectos como el Procit. A partir de ese momento, se empezó a orientar acerca de las investigaciones, a averiguar dónde estaban los investigadores y qué hacían. Eso lo sabemos ahora.
–¿Pero son pocos aún los investigadores?
–Sí, falta crear la masa crítica. Necesitamos tener más gente y mejor formada, para que genere conocimiento e innovación. Eso solo se hace a través de una política pública clara. Luego de la información recogida por el Conacyt, se estableció el Pronii, que es un indicativo de una política clara, que trasciende cualquier gobierno. Los científicos deben producir, publicar y formar a otros.
–Aun así, hay docentes o científicos que no tienen publicaciones.
–Un investigador que no publica, no es investigador. La sociedad debe conocer lo que se produce. Otro error frecuente es ver al investigador o científico como una persona rara, como un “loco”. La profesión del investigador no es un trabajo, es más una vocación. La vocación de buscar la verdad. No tenemos solo 8 horas de trabajo.
Mañana:
Dr. Benjamín Barán, investigador y consultor.
