De la cárcel al Congreso

SALAMANCA, España. De la cárcel al Congreso en menos de 48 horas. Una carrera meteórica, capaz de sorprender a cualquiera; tanta celeridad es de maravilla y envidiable para muchos políticos que hace décadas no hacen otra cosa que medrar en los pasillos de las oficinas públicas sin poder subir un escalón más. Sería así, si no se tuvieran en cuenta los antecedentes que lleva a sus espaldas el héroe de estas vergonzosas jornadas que nos están tocando vivir.

El diputado Ulises Quintana, después de estar en prisión varios meses imputado por tráfico de drogas, tráfico de influencias, enriquecimiento ilícito y lavado de dinero, abandonó su celda gracias a una decisión difícil de justificar tomada por una juez. Como en todos los casos parecidos, la magistrada aseguró que no hizo otra cosa que actuar conforme a la ley. Lo de la “ley en la mano” es una vieja figura que heredamos de la dictadura con la que el nefasto “Gordito” Montanaro, entonces ministro del Interior, nos arreaba a cachiporrazos para consolidar su jurisprudencia.

Si el diputado Quintana fue a dar con sus huesos en la cárcel, no se debió a meras sospechas y vagas suposiciones. Hay grabaciones de conversaciones telefónicas en las que Javier (Cucho) Cabañas, preso por tráfico de drogas, le llama porque tiene problemas con la policía en Caaguazú que le incautó una importante suma de dinero en dólares. Quintana le pregunta: “¿Está documentado ese dinero? ¿Es blanco? ¿Hay que maquillar?”. Es claro, entonces, que no se está hablando del dinero que se recoge en la alcancía de la parroquia del pueblo. A pesar de ello Quintana le llama a la policía y le dice (¿o le ordena en su carácter de diputado?) que libere ese dinero: 190.000 dólares (aproximadamente 1.136.200.000 guaraníes) que, según la fiscalía, era para pagar un cargamento de cocaína.

En la misma sesión que Quintana recibió la bienvenida de sus compañeros, la Cámara de Diputados aprobó la famosa ley conocida como “el impuestazo” con ligeras modificaciones del proyecto enviado por el Senado: se retocaron algunos ítems. El principal de ellos, el impuesto al tabaco que fue rebajado: del 27% fue bajado al 24%. Ahora confirmamos quién sigue mandando en el país y logra imponer a los legisladores sus propios intereses en detrimento de los intereses de la población y la salud pública.

PUBLICIDAD

Cuando Marito Abdo Benítez asumió la presidencia de la república, su manera tranquila de hablar, su tono conciliador, sus promesas de lucha contra la corrupción, nos devolvió la esperanza de que podríamos esperar vivir en un país ordenado, decente y respetado. Un país que pudiera ofrecerle un futuro de seguridad a nuestros hijos.

Lastimosamente ocurrió todo lo contrario. Pocas veces en la historia de nuestro país se habrá vivido un momento como el presente, en el que los senadores van de la cárcel al Congreso cuando lo que el país desea ver es que hagan el camino en sentido contrario: del Congreso a la cárcel, que hay varios que tienen los méritos suficientes para realizarlo. ¿Por qué algunos legisladores tienen que ir acompañados al Congreso por sus guardaespaldas? ¿Qué es lo que temen? ¿Y por qué temen? Sin embargo, no deja de ser contradictorio, no temen para cometer todos los abusos que pueden aprovechándose de los privilegios que acompañan a su cargo.

No sólo están poniendo en peligro la institucionalidad de la república, sino también ponen en peligro el ordenamiento social. Para no dar tantas vueltas, la clase política actual, especialmente legisladores y el poder judicial, nos están poniendo en la vía segura para convertirnos en un Estado fallido a corto plazo para terminar igualados a Haití o Yemen. ¡Qué triste perspectiva!

jesus.ruiznestosa@gmail.com

PUBLICIDAD

Te puede interesar

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD