Evolución humana y educación

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Según recientes investigaciones (2017) de un equipo de científicos suecos y surafricanos el homo sapiens apareció hace aproximadamente 350.000 años, antes de lo que hasta ahora se venía pensando. Con el desarrollo de la zona cortical del cerebro, con la capacidad de pensar empezamos a ser humanos.

Desde entonces la evolución ha mantenido su proceso y los humanos con su pensamiento han ido conociendo, interpretando y sirviéndose más y más de la naturaleza en sucesivas generaciones.

En 1950 Teilhard de Chardin, eminente paleontólogo, antropólogo, filósofo y teólogo francés, escribió el genial libro “El fenómeno humano”, publicado después de su muerte (1955), que junto con otros libros suyos fue cuestionado sobre todo por su teoría de la evolución del hombre dentro de su teoría general de la evolución cósmica, en cuyo proceso evolutivo Teilhard considera que los humanos estamos todavía en estadio embrionario de la evolución.

A setenta años de su visión de la evolución del ser humano, los hechos le están dando la razón. Ante los actuales descubrimientos científicos en biología, ingeniería genética, neurología, física cuántica, tecnología, cosmología, se está imponiendo una nueva visión sobre el ser humano y su poder, hasta tal punto que filósofos y científicos de vanguardia y prestigio mundial trabajan sobre el transhumanismo, y otros grupos de investigadores asociados, como Humanity+ o la Universidad de la singularidad, apoyada por Google y la NASA, hablan de la inteligencia artificial superior a la humana y hasta de la posible inmortalidad de los seres humanos.

El famoso historiador y filósofo israelí Yuval Noah Harari, en su impactante libro “Homo Deus. Breve historia del mañana” (2015) , que lleva vendidos un millón de ejemplares en 30 lenguas diferentes, con sus deslumbrantes análisis de los progresos científicos logrados, los que están en proceso y los previstos para próximos años, resalta la idea del poder del ser humano para crear vida, no orgánica, pero sí inorgánica (al fin vida), con lo cual el ser humano se convertirá en un ser superior, con un poder propio de Dios. Del primitivo Homo sapiens pasará a ser Homo Deus.

Sea como fuere, lo cierto es que el ser humano ha evolucionado desde sus orígenes y sigue evolucionando. Lo novedoso es que en estos tiempos, en el siglo XXI, la aceleración y la importancia de la evolución humana es mucho más trascendental.

Entretanto madres y padres, es decir, educadores familiares, lo mismo que los educadores profesionales de la educación formal y los responsables del sistema educativo nacional siguen dormidos, ofreciendo a los hijos y educandos una educación que no les sirve ni para el presente, mucho menos aún para ese vertiginoso futuro que ya nos ha alcanzado. ¿Qué será de los hijos y nietos el día de mañana? Yuval Noah Harari pronostica para ellos un mundo a la vez fascinante y dramático, porque crecerá exponencialmente el desempleo, crecerá la brecha de la desigualdad y la pobreza, al mismo tiempo que la minoría competente, preparada para acompañar el ritmo de los progresos científicos y tecnológicos para la salud, el trabajo y el bienestar controlarán con más ciencia y poder el destino de la humanidad.

Este horizonte está golpeando las puertas. Si no reaccionamos con inteligencia y competencia en educación, el futuro de los menores y jóvenes paraguayos de hoy, que son la mayoría de la población (56% menos de 30 años) será dramático. Y Paraguay quedará tendido en la cuneta.

No es fácil enfrentar con solvencia y eficacia este ingente desafío de preparar a la población paraguaya para este inmediato futuro. Arrastramos el subdesarrollo desde la infraestructura de las instituciones educativas de todos los niveles, incluida la mayoría de las universidades, hasta la deficitaria formación de los profesores, también de todos los niveles. Pero no hay otra alternativa si queremos que los paraguayos no se salgan de la historia de la humanidad del mañana.

Los niños salen de la ignorancia, de la impotencia, de la incapacidad, de la improductividad gracias a la educación; parece que la lección y experiencia más cotidianas no queremos asumirlas y en vez de progresar preferimos elegir y apoyar a los que nos hunden en la corrupción.

jmonterotirado@gmail.com