Los jóvenes descarriados

SALAMANCA, España. Tenía que pronunciar una homilía que calase hondo en su auditorio. Y como, evidentemente, no tenía un buen tema, echó mano a algo bien fácil aunque fuera traído de los pelos, y cargó contra los jóvenes. ¿Porque quién no sabe que los jóvenes son todos unos descarriados?

El responsable fue monseñor Ricardo Valenzuela quien encabezó la procesión náutica de Areguá a San Bernardino el pasado viernes, fiesta de la Virgen de la Asunción. Allí, ante una cantidad de gente reunida cargó contra los jóvenes y no escatimó epítetos para descalificarlos. Bajo el lema de “Para que produzcan muchos frutos y esos frutos sean buenos” entró de lleno en el tema afirmando que la sociedad está formando jóvenes que “no darán buenos frutos, y esto se ve reflejado en los bautismos en la Universidad Nacional de Asunción (UNA) donde los mayores y prontos a ser profesionales, denigran y humillan a los menores que buscan abrirse paso en la vida profesional”.

Tendió un caritativo velo sobre los casos de corrupción de la Universidad Católica, la venta de notas, la venta de títulos, el acoso a alumnas por parte de profesores y otras pequeñeces que no le pareció importante mencionar. Pero eso sí, refiriéndose a la Universidad Nacional dijo que “no se puede esperar que estos jóvenes, de una alta casa de estudios, den buenos frutos, por lo que hay que mirar el seno familiar y la propia universidad”. Bien dicho: miremos no sólo a la Universidad Nacional, sino a todas ellas, sin que importe el credo religioso que profesan sus autoridades y profesores.

Monseñor Valenzuela erró de puntería. En lugar de darle un varapalo a los jóvenes, sin ton ni son, hubiera mirado a su entorno, el más cercano y también el más lejano. En este momento si la gente ha salido a la calle no es porque los jóvenes sean “todos unos drogadictos”, sino porque nuestros mayores, nuestras autoridades, desde el número uno al último de sus colaboradores, han llevado la corrupción a límites intolerables. Incluso han atentado contra los intereses mismos del país urdiendo una trama delictiva para negociar con la energía producida por Itaipú. Todo lo que se hizo tenía precio, y muy buen precio, ya que en este tema el dinero no se cuenta por céntimos sino por millones de dólares. Y qué bien le hubiese venido a algunos para poder comprarse algunos caballos de carrera, de esos que cuestan más de doscientos mil dólares.

PUBLICIDAD

Sí, monseñor Valenzuela. Hay jóvenes que se drogan; dolorosa realidad. Pero no se debe olvidar que en la misma Cámara de Diputados hay sentados legisladores sobre los que pesan serias sospechas de favorecer el tráfico de drogas. Y no es tan delincuente el que las consume como el que las vende.

Según monseñor Valenzuela los comportamientos violentos que muestran los jóvenes “deben ser una señal de alarma para trabajar el seno familiar, el primer lugar donde los padres y adultos tienen que cuidar y dar atención a los menores supervisándolos en todo tiempo para que tomen el camino correcto”, y que si el problema no está en la familia, se debe “mirar entre los amigos y la propia institución educativa”. Gran verdad: fíjese que el más joven de la “trama Itaipú”, el “doctor” Joselo (27 años) se formó en un colegio religioso, ultra católico, ultra conservador.

Al finalizar dijo que “Una sociedad inculcada en valores y en la enseñanza de Dios, sin dudas mejorará”. Respeto todas las creencias, pero hay casos en que además de rezar, si es que quiere hacerlo que lo haga, es necesario recurrir al garrote, pero no para descargarlo sobre los jóvenes a quienes los mayores les hemos entregado una sociedad desquiciada, sino para usarlo contra los corruptos, contra los jueces venales, contra la justicia prostituida, contra los políticos deshonestos. Démosle a los jóvenes nuestra confianza y nuestro apoyo porque se lo merecen y porque se lo han ganado.

jesus.ruiznestosa@gmail.com

PUBLICIDAD

Te puede interesar

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD