Con pienso y sin pienso

SALAMANCA, España. Es conocida la historia de la mujer que va a pedir un trabajo de cocinera y en la entrevista el ama de casa le pregunta cuánto quería ganar, y la solicitante le responde: “Depende, la señora, si es con pienso o sin pienso”. “¿Y cómo es eso?”. “Con pienso es más caro que sin pienso”. “¿Y de qué se trata el pienso?”. “Y sí, la señora, con pienso es más caro porque yo voy a decidir lo que se cocina. Sin pienso es más barato porque usted me va a decir qué es lo que tengo que cocinar”.

No sé si será una historia cierta o un invento popular. Lo que sí sé es que encierra muchas verdades y hasta nos enfrenta con la realidad que vivimos en nuestro país. Por ejemplo, el presidente Mario Abdo Benítez en el momento de elegir a sus colaboradores, se decide siempre por el “sin pienso”, y no porque sean más baratos, sino porque son los que tiene más a mano o se lo imponen las circunstancias políticas.

Uno de los ministros “sin pienso” muy bien puede ser justamente el de Educación y Ciencias, Eduardo Petta, quien acaba de postear un mensaje en su cuenta de Twitter sobre un niño de 11 años que se fue a pedir trabajo en el ministerio que él preside.

“Vino elegante y como maletín, el cajón de lustrabotas con el que trabaja todas las mañanas. Josías Jesús tiene 11 años, por las tardes va a la Escuela, donde sueña y se forma para llegar a ser Ministro de Educación. Pidió conocerme y me dejó la certeza de que ese sillón le pertenece”.

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Ante la realidad de un niño de once años que debe trabajar como lustrabotas empujado por el nivel de pobreza en que vive, el ministro de Educación se muestra orgulloso de él cuando lo correcto tendría que haber sido taparse la cara y morirse de la vergüenza. Mucho más aun en un momento en que el Gobierno al cual él pertenece acaba de recortar un 4,7% de los fondos destinados a la Niñez.

Pero su desatino no termina allí y centrarse cuando dice “por las tardes va a la Escuela, donde sueña y se forma para llegar a ser Ministro de Educación”. Es decir –y por favor, señores lectores, no se rían que es muy serio– que uno debe formarse académicamente para lograr puestos de responsabilidad dentro del Estado. No pasaron ni siquiera diez días en que la presidencia de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) recayó en María Digna “Mami” Roa, seccionalera colorada de la capital que según su antecesor, Andrés Gubetich: “Quizá la parte muy técnica de la institución, digamos que no tiene la formación universitaria para tal sentido, pero es una persona muy pragmática, de un gran corazón y pone su mejor voluntad y empeño en aprender, conocer, leer y preguntar. Tiene una dinámica de trabajo fantástica”.

El vicepresidente de la República, Hugo Velázquez, se hizo representar (aunque después lo negó) por un “abogado” que no pasó del cuarto curso, en la negociación de la venta de energía eléctrica de Itaipú con el Brasil. Este “doctor summa cum fraude” iba a disponer, graciosamente, de una de las más grandes riquezas que posee el país.

Días atrás, un joven estudiante de Horqueta aprovechó la presencia de Abdo Benítez para exhibir un cartel en que llamaba la atención acerca de las escuelas que se caen sobre la cabeza de los estudiantes. Un efectivo del Regimiento Escolta Presidencial le arrancó el cartel de las manos y lo rompió, negándole así su derecho constitucional de manifestarse pacíficamente. El Presidente, si fuera “con pienso”, tendría que haber intervenido obligándole al militar a devolverle el cartel al joven para que siguiera exhibiéndolo. ¿Tendremos algún día autoridades que posteen en su cuenta que lo que el país necesita son jóvenes “con pienso” y que puedan expresarse libremente?

jesus.ruiznestosa@gmail.com

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