Partidos fraccionados, como casi siempre

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Los partidos políticos tradicionales, la ANR y el PLRA, están ahora como casi siempre, profundamente divididos, pensando en las contiendas electorales futuras, aunque parezcan lejanas, y navegando en contradicciones irresolubles.

En el PLRA, su presidente Efraín Alegre se prepara desde ahora para las elecciones de 2023, dispuesto a intentar, por tercera vez, llegar a la Presidencia de la República. Para eso, recorre “las bases” en distintos puntos del país y se monta, en cada ocasión que puede, sobre los repetidos errores y la debilidad del Ejecutivo

El problema es que su partido, el más numeroso de la oposición, acumula problemas varios y el de la atomización interna es uno de los principales. En este momento, cada dirigente liberal anda por su lado. En Cámara Alta, todos los senadores tienen algún motivo para estar enojados con el presidente del partido, sin contar quiénes están, desde hace tiempo, abiertamente enfrentados a él.

Las cosas entre Efraín y los senadores liberales presuntamente cercanos a él no venían bien barajadas pero hicieron eclosión cuando se trató el proyecto de ley de derogación del acuerdo Cartes-Macri sobre Itaipú, por la sugestiva ausencia de algunos legisladores.

La soberanía hidroeléctrica era el caballito de batalla del presidente del PLRA y no tuvo miramientos para acusar poco menos que de traidores a los ausentes de su partido del fracaso de la derogación.

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El caso puso al descubierto las diferencias entre Alegre y sus senadores y reveló que algunos de ellos negocian por su cuenta, inclusive con el oficialismo, sin rubor, en base a intereses particulares o grupales de coyuntura.

En relación a las elecciones municipales del año próximo existe un acuerdo tácito para apoyar a los candidatos liberales mejor posicionados en todo el país, cualquiera sea su movimiento, para tener alguna expectativa en relación a las elecciones de 2023.

En Asunción, ciudad considerada electoralmente simbólica, el PLRA no tiene candidato, más allá de que hayan lanzado a Willy Cortes. En el mejor de los casos, pueden terminar negociando con el resto de la oposición un candidato único, que puede ser el senador Jorge Querey (Frente Guasu) o inclusive algún out-sider de último momento.

La buena noticia para los liberales es que en la ANR la cuestión está igual de complicada y existe también una profunda división.

Desde hace tiempo, corre la versión de que Mario Abdo Benítez se entregará, si es que ya no lo hizo, en cuerpo y alma al cartismo para intentar llegar, aunque sea a los tumbos, hasta el final de su mandato.

En contrapartida, legisladores cartistas no dudan en dar palos al Ejecutivo en cualquier ocasión que se les presenta.

Tras la crisis de agosto por el amago de juicio político (en el caso de la firma del acta bilateral de Itaipú), hubo anuncios y tímidos intentos de unidad de las bancadas de la ANR, que finalmente quedaron en la nada.

Más allá de la disputa Abdo-Cartes, la dirigencia colorada está ávida de ocupar cargos y eso asegura una feroz disputa interna, como la que suelen dar siempre los colorados.

En Asunción, tampoco los colorados tienen buenos candidatos, lo que motiva que tanto políticos con cargo como algunos desocupados se estén anotando para esta disputa.

El año que viene, los colorados elegirán sus nuevas autoridades partidarias pero, como telón de fondo, se iniciará la disputa por la candidatura presidencial para el 2023.

Como decía aquel político colorado, aún correrá mucho “líquido” bajo el puente. Si las cosas no mejoran a nivel económico, el tránsito para el Ejecutivo y el Congreso no será nada tranquilo.

mcaceres@abc.com.py