El fin del “Homo Soviéticus”

SALAMANCA, España (Jesús Ruiz Nestosa). El colapso del Muro de Berlín ocurrido hace treinta años (ver mi artículo del viernes pasado) significó la rápida desovietización de casi todos los países de Europa del este y marcó el acta de defunción de la Unión Soviética que se produjo dos años más tarde. Este aniversario, que se cumplió el sábado último, puede servir de buen pretexto para leer un libro cuya lectura hace meses tengo deseos de recomendar, aunque quizá entrañe algunos peligros, ya que, adelanto, no es de fácil lectura.

Estoy hablando de “El fin del ‘Homo Soviéticus” (Acantilado 2015) de la escritora bielorrusa Svetlana Aleksiévich (Premio Novel de Literatura 2015), galardón que desde hace varios años no tenía un fallo tan acertado y meritorio. Autora también de otro libro extraordinario “Los últimos testigos” (Acantilado 2017) refiriéndose a quienes sufrieron los inicios de la Segunda Guerra Mundial. Tanto en uno como en otro, su técnica narrativa es muy simple y elemental: buscó para escribir este último libro gente que eran niños cuando el ejército nazi invadió Bielorrusia (de donde ella es natural) y les pidió que le contaran cómo vivieron aquel episodio. Para el primero, viajó por toda Rusia preguntando a la gente cómo había recibido la desintegración de la vieja Unión Soviética y qué pensaba de ello.

“Busqué a aquellos que se habían adherido por completo al ideal, a aquellos que se habían dejado poseer por él de tal forma que ya nadie podía separarlos, aquellos para quienes el Estado se había convertido en su universo y sustituido todo lo demás, incluso sus propias vidas”, dice en la introducción y luego: “En los testimonios que recojo aparecen constantemente palabras y expresiones que hieren el oído: disparar, fusilar, liquidar, mandar al paredón, y otras que constituyen las variantes soviéticas de la desaparición: arresto, diez años de condena sin derecho a correspondencia, emigración. ¿Qué valor puede tener la vida humana, si llevamos grabado en nuestra memoria que millones de personas morían hace muy pocos años? Estamos llenos de odio y prejuicios. Los hemos heredado del gulag y la guerra horrible que libramos”.

Pienso que este libro es fundamental para poder entender con bastante claridad qué es lo que ha sucedido en aquella región que también fue “una isla rodeada de tierra” y lo que está sucediendo hoy mismo con la aparición “de una fuerte nostalgia de la Unión Soviética” y la vuelta al culto de Stalin. “¡El país donde Stalin mató a tantas personas como Hitler ve resurgir ahora un nuevo culto a su figura!” y como ilustración anota: “Los campos de trabajo de Stalin en Solovki y Magadán se han convertido en destinos turísticos. El anuncio de la empresa que organiza los viajes promete que a cada turista se le proporcionará un uniforme de preso y un pico para garantizarle así una experiencia llena de sensaciones genuinas”.

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Y la escritora lanza una advertencia: “Ideas ya pasadas de moda vuelven con fuerza a la palestra pública: la del gran Imperio ruso, la de la ‘mano de hierro’, ‘de la excepcionalidad de Rusia’... Se ha recuperado el himno soviético, como también los komsomoles [Organización juvenil del Partido Comunista de la Unión Soviética], si bien ahora ha adoptado otro nombre, Nashi (Los nuestros) y el partido en el poder es una copia del Partido Comunista de antaño. Hoy el presidente goza de un poder semejante al de los secretarios generales del Partido en tiempos soviéticos, un poder absoluto. Y el lugar del marxismo-leninismo lo ocupa ahora la doctrina de la Iglesia ortodoxa rusa”.

Son más de seiscientas páginas de escritura densa, de un estilo literario puro, transparente, cautivante, y también de un desgarro profundo al comprobar los abismos a los cuales puede descender el delirio de un grupo de hombres.

jesus.ruiznestosa@gmail.com

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