La industria de lo que somos

Por la final de la Copa Sudamericana de Fútbol, Asunción se llenó de hinchas de Argentina y Ecuador. Se calcula que llegaron casi 40 mil. En una solución espontánea y accesible respecto a la estadía, los argentinos acamparon en la Costanera de Asunción. Ahí estaban las autoridades improvisando frente al camping, intentando acercar agua y habilitar un par de baños para la gran masa que seguía llegando. Ya, abriendo el paraguas, la Municipalidad anunció que “no llegaban” para la Final con la limpieza del centro. Igualmente, antes, Asunción tampoco estaba en condiciones.

Esta apertura a realizar un evento internacional tiene como objetivo encaminar a nuestro país como turístico y recibir los beneficios económicos de tal condición. Desconozco cuánto dinero entró, pero la Sudamericana movió sobre todo dinero para hoteles y bares (además de los comerciantes hormigas); también baños, porque como no hay públicos, tuvieron que pagar para entrar en locales comerciales.

A nivel ciudad-país carecemos de organización para recibir a tanta gente. Un estadio renovado como el del Club Cerro Porteño tiene obviamente la necesidad de recuperar el dinero invertido, y por lo tanto va a estar de acuerdo en abrir las puertas a miles de hinchas, aún si otras cuestiones no están en orden.

A los asuncenos les gustó la algarabía futbolera, no se registró ningún incidente, contando también que no es la hinchada de clubes con antecedentes de violencia desmedida que, como sabemos, hay en todos los países. El encuentro tuvo sus ventajas al ser un lugar neutral, es decir, no participaba ningún equipo local. Pero si vamos a ser “futbolísticamente turísticos”, como se apunta con un estadio de características internacionales, ¿estará preparada toda la seguridad?

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Asunción en el sueño de muchos debió haber sido “un viaje al pasado”, en el buen sentido, casas antiguas, coloniales, pasajes, casas con balcones colmados de flores, un lugar para bohemios e intelectuales, para románticos, pero a la vez hubiera dado excelentes dividendos al país. La realidad es que ni siquiera tenemos una zona antigua. No tenemos mucho más que centros comerciales, parques y plazas descuidadas. Falta muchísimo para declararnos ciudad turística, categoría que además tiene que ver con lo cultural.

Los paraguayos estamos acostumbrados a zafar, lo que no está del todo mal, porque es cierto que hay que animarse a las grandes experiencias, pero también aprender de cada una. Hay que trabajar con voluntad política y profesionalismo, porque si entramos a hablar de “la industria sin humo” (turismo) es toda una materia, interesante, rica e inacabable. Hay distintos tipos de turismo. ¿Cuáles son los compatibles con nuestro país y su gente?

Esta primera experiencia de turismo deportivo masivo gustó aun con toda la precariedad; habría que saber cuál fue el beneficio que queda para la ciudad entera y no solo para los directos.

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Pensar en un turismo hecho en Paraguay es lo que se debe delinear: qué tenemos, cómo somos, qué ofrecemos al turista individual, familiar, a las masas turísticas, y qué les gustaría que recuerden de nosotros para regresar y recomendar.

Paraguay turístico, todavía pendiente.

“Se puede saber mucho de una ciudad por la manera en que trata a sus visitantes” (Mary Knight Potter).

lperalta@abc.com.py

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