Falta mucho

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Los tertulianos eran los mismos de siempre en la mesa del bar en la que eran capaces de solucionar todos los problemas del mundo en una noche. A los habituales chismes y desordenados comentarios sobre fútbol, representantes del sexo opuesto y maneras de hacer el asado, se les fueron agregando las consultas al médico y algunos consejos sobre salud, lo que ya iba revelando el inexorable paso del tiempo entre los miembros del grupo.

Repentinamente alguien planteó el tema: la expulsión de Payo Cubas del Congreso.

–Yo creo que está bien, este tipo es un loco peligroso, hay que ponerle un freno –planteó el más conservador de la mesa.

–Loco no es, es bien letrado, lo simpático es que entre los que votaron para sacarlo del Senado hay tipos que son mucho más impresentables que él –le agregó otro.

–Está bien también que haya alguien así –retrucó uno más–, a los políticos solo les interesa robar y que por lo menos haya alguien que diga lo que todos queremos decir.

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–Pero es puro show, el ya estuvo con Cartes, con Zacarías, con muchos otros políticos que cuestiona. Es más, les dice las cosas y después le ves hablando tranquilamente con ellos como si nada –intentó desacreditarlo uno más.

–Pero es un peligro para el país –volvió a insistir el primero.

A ese comentario le siguió un guarara inentendible en el que cada uno de los miembros del grupo intentaba hablar más fuerte que el otro para imponer su forma de pensar.

La mesa estaba claramente dividida entre quienes apoyaban su expulsión del Congreso y quienes criticaban a los que lo expulsaron.

El profe, que como siempre escuchaba a todos antes de hablar, reía de tanto en tanto con las ocurrencias de los más disparateros.

Luego pidió la palabra y se dispuso a dar su punto de vista, generando el inmediato silencio en la mesa, como ocurría cada vez que hablaba sobre temas considerados serios.

–Nos guste o no nos guste Payo Cubas llegó con los votos de los que querían que él actúe de esa forma. Por eso estaba cantado que muchos de sus colegas iban a aprovechar alguna ocasión para sacarlo del camino. Para mí esa es la gran pregunta ahora –dijo.

–¿Cuál pregunta? no entiendo –lo interrogó el más enérgico defensor de la expulsión.

–Saber si realmente lo sacaron del camino o si será capaz de crecer de tal manera que termine convirtiéndose en opción de poder en 2023.

La mesa seguía atentamente la exposición, esperando el desarrollo de la teoría del profe.

–Vamos a los hechos –siguió– es cierto que todavía faltan más de tres años para las próximas elecciones y que Paraguayo Cubas pierde un espacio de poder que le daba notoriedad y publicidad constante como congresista. Pero también es cierto que la corrupción estructural va a continuar y que va a crecer en general el rechazo de la gente hacia los políticos por culpa de los que siguen delinquiendo desde sus cargos. Allí nomás tenemos el ejemplo de los tres diputados que son protegidos por sus colegas pese a estar involucrados en hechos mucho más condenables que los que protagonizó Payo –agregó el profe–. En la medida en la que él siga capitalizando eso a su favor, como antagonista de esos politiqueros, mucha gente lo comenzará a ver como alguien que viene de afuera, que va a romper con eso.

Si ustedes me preguntan: ¿es un anarquista declarado una solución para nuestra democracia? claramente no. Pero yo no puedo guiarme por esa valoración y dejar de analizar el campo fértil que dejan los políticos corruptos para que aparezca alguien que intente capitalizar esa decepción y rabia con un discurso populista.

Faltan casi tres años y medio, y sería demasiado irresponsable decir de mi parte que podría llegar con opciones a ser presidente en 2023, pero de que va a crecer como una expresión política en las próximas elecciones no tengo dudas –sentenció el profe.

El grupo, que seguía atentamente sus explicaciones, optó por volver a temas que eran más divertidos y menos densos.

guille@abc.com.py