Vergüenza de sinvergüenzas

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Una gran cantidad de papelones nos ha hecho pasar gente de medio pelo a la que ponen en representación de la República del Paraguay. Politiqueros de baja ralea, la mayoría sin estudios profesionales, con licenciaturas en zalamería, succión de medias y doctorados en inconductas.

Héctor Figueredo fue obligado a presentar su renuncia como cónsul paraguayo en Buenos Aires tras la denuncia de presunto acoso sexual de una joven compatriota residente en Argentina; su mérito para el nombramiento fue ser correligionario Añetete, acólito del no menos cuestionado Miguel Cuevas (2019).

El papelón de Julián Vega Insfrán, ex director de Migraciones, fue más lejos. Fue “invitado” a abandonar Taiwán luego de manosear a la traductora que lo asistía. Fue obligado a renunciar (2018). Al “aduanero pastor” Melanio Paredes Enciso, delegado de Aduanas de Paraguay en Uruguay lo grabaron acosando a una uruguaya que habría contratado de manera irregular y que lo denunció. Además de todo, se supo que recaudaba para la corona (2019).

Don Neri Olmedo, parlasuriano electo, fue épico en sus declaraciones: “Espero que me da un manito cada uno”. No fue tan bochornoso que atropellara las palabras como su profundo desconocimiento de cuáles son las funciones del Parlasur donde don Neri fue a pedir un camino para su ciudad (2018). Arturo Urbieta, del PLRA, tuvo mismo nivel de ignorancia supina. Fue nombrado cónsul de segunda clase en Ponta Porá y no tuvo ningún empacho en admitir que desconocía el alcance de las funciones para las cuales fue nombrado (2019).

La ignorancia del exministro Enzo Cardozo, actual parlasuriano, fue tan bochornosa como la de Olmedo y Urbieta. Habló con buena concordancia de sujeto, verbo y complemento, pero confundió la Guerra de la Triple Alianza con la Guerra del Chaco. El papelón todavía recorre internet (2018).

A juzgar por los hechos, muchos de estos privilegiados paraguayos –electos y nombrados– a los que pagamos salarios, alquileres, viáticos, bonificaciones, gratificaciones y pasajes en primera, no solo no logran controlar la boca… Algunos tampoco el cerebro ni la bragueta.

Ojalá el bochorno fuera solo la vergüenza de hablar mal, confundir guerras e ignorar sus funciones. Ojalá fuera solo que no hablan otros idiomas o que desconocen etiquetas sociales; que no saben cómo conducirse en foros internacionales o hablar en público. Ojalá el escándalo fueran solo sus avivadas, trapisondas o sus recaudaciones para la corona.

Lo peor de estas calamidades con patas es que no están en posición de reclamar, exigir ni defender absolutamente ningún derecho. Cuanto peor está un país, más que nunca necesita del concurso de sus mejores hombres y mujeres para defender, exigir, reclamar y posicionar nuestros derechos. No se puede defender aquello que se desconoce.

Paraguay está atravesando uno de sus peores momentos, con acuerdos vendepatrias, escraches y padecimientos internacionales, la proximidad de la defensa del tratado de Itaipú y de otros derechos internacionales. Manos siniestras están poniendo en marcha un plan para que los políticos entren a raudales a Cancillería y usurpen espacios profesionales.

Los estudios no garantizan una buena persona… pero la falta de ellos asegura la ignorancia. Depender de vaivenes políticos y de gobiernos de turno garantiza rotundos fracasos.

mabel@abc.com.py