Los 1.188 del decenio

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A dos días de iniciar una nueva década y haciendo una retrospectiva de lo sucedido en el departamento del Amambay, nos encontramos con una realidad que en muchos aspectos necesariamente debe mejorar para aspirar a vivir en una sociedad en la que los valores, como la honestidad, seguridad y progreso sean una realidad.

Como en todo el país, las garras de la corrupción se han apoderado de casi todos los sectores de la sociedad. Además, el narcotráfico en estos últimos diez años marcó a sangre y fuego el departamento.

En el último decenio, peligrosos exponentes del narcotráfico brasileño, como el Primer Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV), tras anular a narcos paraguayos, sentaron definitivamente sus bases en este punto de la frontera desde donde se extendió a todo el territorio paraguayo, asesinando a personas en plena zona comercial de Asunción.

Sin temor a equivocaciones, podemos afirmar que los integrantes de estas bandas criminales brasileñas están presentes en todo el Paraguay, donde gracias al dinero del narcotráfico compran conciencias y resoluciones judiciales debido a una corrupción nefasta que carcome como un cáncer a las instituciones de la República.

Es despreciable ver la manera como los políticos de diferentes agrupaciones partidarias se codean con los mafiosos, que “generosamente” costean sus campañas proselitistas y una vez en el poder se transforman en idiotas útiles de los narcos.

En el Amambay, con la llegada de estos criminales brasileños aumentaron los asesinatos por encargo, que causan terror y sangre en las calles de las ciudades del departamento.

La facilidad con la que matan a personas en el Amambay es sorprendente y aun más sorprendente es que el 99% de estos asesinatos no son dilucidados por la justicia; se transformaron en “crímenes perfectos”.

El verdor del dólar encandila a los integrantes de las instituciones encargadas de investigar y aclarar estos casos y si por desgracia cae algún integrante de la mafia siempre hay un juez “amigo” que posee la habilidad de inventar una salida favorable para liberarlos a cambio de fuertes sumas de dinero.

La vida de un ser humano vale tan poco por estos lares, es por eso que nadie quiere arriesgarse a denunciar porque podría transformarse en la próxima víctima.

Esta situación muestra en forma tajante que en Amambay no existe presencia del Estado, sino reinan los narcos brasileños que a fuerza de plata o plomo imponen su voluntad.

Es increíble que en estos últimos diez años se hayan registrado un total de 1.188 asesinatos en el Amambay, en su mayoría impunes. Teniendo en cuenta esta cantidad de crímenes, con sus 169.615 habitantes, el departamento es uno de los lugares más peligrosos del mundo.

Esta situación grave que se vive en esta parte del país es posible gracias a una corrupción galopante en el ámbito de la justicia, por una postura cómplice de las autoridades nacionales que ni se inmutan ante tanta decadencia de las ciudades, principalmente fronterizas.

Faltando dos días para finalizar este año, el Amambay registró en el 2019 un total de 140 hechos de asesinatos y la desaparición de dos jóvenes desde hace meses.

Esta situación debe cambiar, es necesario que de una vez por todas la población decente y honesta exija a las autoridades locales, regionales y nacionales, una mayor presencia del Estado en nuestras ciudades fronterizas. No es posible que se siga permitiendo que despreciables criminales brasileños que siembran terror y luto sigan dominando las ciudades.

Seguimos esperanzados en que surjan hombres y mujeres patriotas, incorruptibles, que de una vez por todas marquen presencia en nuestras fronteras para generar la anhelada seguridad a fin de que las poblaciones se desarrollen y vivan en un clima de seguridad. Mientras aguardamos que ocurra ese milagro, seguiremos viviendo y desenvolviéndonos con cuidado, con la sombra macabra del PCC y CV en las ciudades.

candido@abc.com.py