El rastrillo de un karai

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El hombre tomó la escoba y comenzó a barrer la vereda de su casa, se entusiasmó luego y agarró el rastrillo y fue hasta la plaza más cercana para continuar con su trabajo.

De lejos, y con miradas socarronas, un grupo de vecinos de lengua floja y escaso apego al trabajo, comentaban en una ronda que por fin alguien se hacía cargo de limpiar la plaza en la que jugaban los mitã’i del barrio.

Pero el hombre siguió, haciendo lo mismo en otros lugares y entusiasmando a algunas personas que comenzaron a emularlo, primero en sus casas y luego en otros espacios públicos.

El gesto se convirtió en orgullo e identidad colectiva. Cada uno de los vecinos se fue apropiando de ello, y cuando alguien del pueblo se desubicaba ensuciando los espacios que todos usaban, era inmediatamente repudiado por la mayoría.

Parece una fábula, y de hecho no fue exactamente así que ocurrió, pero con matices y en sintética exposición, es la historia del cambio de actitud de toda una comunidad.

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El hombre en cuestión se llamaba Feliciano Martínez, y era el intendente de su ciudad, Atyrá.

Predicando con su ejemplo llegó incluso a vender terrenos propios para pagar cuentas municipales, e impulsó una transformación que no solo libra hoy a los atyreños de convivir con la mugre que se siente en la mayoría de nuestras ciudades, sino que esto también se traduce en una mejor salud pública para la comunidad.

De hecho, en el momento de terminar de escribir este comentario, Atyrá no tiene un solo caso de dengue pese al agresivo rebrote de la enfermedad en esta temporada.

El contraste fue muy grande al escuchar en estos días a varios de los intendentes del departamento Central, alegando a modo de justificación que la gente es puerca y que es muy difícil mantener limpias sus ciudades.

Al ser preguntados sobre si por qué no disponen la limpieza de los terrenos abandonados y le transfieren luego la cuenta por el trabajo a los propietarios de esos inmuebles, algunos alegan estar sobrepasados y otros justifican que lo hacen de tanto en tanto pero que los dueños esperan durante varios años para que la cuenta ya no pueda ser reclamada por la municipalidad; como si quisieran hacernos olvidar que las municipalidades pueden pedir el remate judicial de las propiedades por las deudas impagas con el municipio.

De planes de clasificar la basura en alguna de las ciudades afectadas, mejor ni hablar, es un tema prácticamente ausente en los proyectos municipales de gobierno de la enorme mayoría.

Una actividad tan elemental como la adecuada recolección de desechos, dentro de las funciones que debe cumplir un municipio, pero que a algunos sonará como muy ambicioso al compararlo de entrada con que de hecho el solo proceso de recolección, que es aún más básico, ya es de por sí deficiente en la mayoría de los casos.

Por eso fue aún más desesperanzador escuchar a los intendentes alegar que solo si la fiscalía hace imputaciones las cosas van a cambiar. Fue como una admisión de la ineficiencia propia intentando trasladar a otra institución la responsabilidad que asumieron cuando le pidieron su voto a la gente.

Al consultar a la fiscalía, el dato del fiscal Augusto Salas fue aún más demoledor, ni en el año pasado ni en lo que va de este, hubo un solo intendente que haya presentado una denuncia formal contra algún propietario de inmuebles abandonados, por no haber cumplido con una intimación municipal de limpieza.

Pirotecnia en todo su esplendor, mientras ya se confirmaron oficialmente las primeras dos muertes en los primeros días de este año, por la picadura de un mosquito.

guille@abc.com.py