La batalla, ¿o la guerra? perdida

SALAMANCA, España. “Esta es una batalla perdida (…) pero no me van a amilanar”. En otras palabras, se ha perdido una batalla pero no la guerra. Es lo que dijo el presidente Mario Abdo Benítez durante un discurso pronunciado en el acto de inauguración de un puente entre Minga Guazú y Hernandarias. De este modo hacía alusión a la “fuga” de 76 peligrosos delincuentes miembros del Primer Comando da Capital (PCC) considerado uno de los más amenazantes grupos criminales del Brasil y que extendió sus tentáculos a nuestro país.

Puse la palabra “fuga” entre comillas porque a esta altura de los acontecimientos nadie cree que los delincuentes hayan cavado un túnel de 15 metros que iba desde una de las celdas al exterior de la cárcel de Pedro Juan Caballero donde se encontraban guardando prisión. El comentario que corre dice: para qué cavar un túnel de esa extensión cuando era mucho más fácil y rápido salir por la puerta principal. Salieron como los toreros que hacen una buena faena aquí en España: por la puerta grande; como siglos antes salían los nuevos doctores en filosofía de la Universidad de Salamanca.

Pienso que el optimismo del presidente Abdo Benítez se basa en creer y en hacernos creer que su administración es todo un éxito. Por el contrario, muchos pensamos que contrariando sus palabras, no se ha perdido una batalla, sino se ha perdido la guerra. De esto, hace mucho tiempo. Defendiendo la idea que esta lucha contra la delincuencia tiene éxito, se menciona que una veintena de guardias de la cárcel afectada por la “fuga”, se encuentran detenidos. Pobre ejemplo y pobre resultado.

Por encima de la delincuencia hay un estrato superior que es el que la permite: la corrupción. Es necesario –si la intención de luchar contra la delincuencia sea valedera– que a esos guardias hoy detenidos, vayan a hacerle compañía un amplio sector del Poder Judicial, jueces y fiscales corruptos quienes con vergonzoso descaro amparan a los poderosos capo mafiosos bajo el paraguas protector de fórmulas jurídicas difíciles de entender y que en muchos casos son inventadas.

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El optimismo del señor presidente no nos convence. Está poniendo en peligro la salud de nuestra endeble democracia a la par que la salud de la población con el famoso caso de la peste de dengue de la que acaba de ser también una víctima más. Pero la democracia corre serio peligro porque al producirse una situación grave de desorden, de desorganización, de anarquía que lleva a la ciudadanía a una situación de hartazgo, se facilita que aparezca el hombre providencial que, prometiendo instaurar el orden y reorganizar el país, establezca su dictadura personal. La ciudadanía, víctima del desencanto, lo apoyará de manera incondicional.

Las cifras que ha dado el presidente Abdo Benítez de incautación de drogas de contrabando no tienen ningún significado mientras los cómplices de tal tráfico estén sentados en una banca de la Cámara de Senadores o Diputados. Las cifras y el entusiasmo son engañosos cuando el partido que lo respalda en el poder, el Partido Colorado, es el que ha obstaculizado el proyecto de ley contra el dinero sucio con que se financian las campañas políticas. Todo está ligado. Aunque el presidente diga que no se ha perdido la guerra contra la delincuencia, lo cierto es que estamos atrapados dentro de una red de la cual esta “fuga” consentida no es nada más que uno de sus muchos hilos.

jesus.ruiznestosa@gmail.com

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