Una ley hecha humo

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Por varias causas, además de la inseguridad, las formas de vivir y dormir fueron cambiando. No obstante, existimos todavía personas que dormimos sin aire acondicionado, con ventilador y la ventana abierta con malla para los mosquitos y otros visitantes voladores. Aunque seamos aparentemente minoría, los datos que podemos aportar sobre los vecinos delincuentes que de noche se ponen a quemar basura es relevante.

Quiero destacar el tema porque muchos aprovechan la noche, escondiéndose en la distancia, la oscuridad y justo cuando la gente descansa o pretende hacerlo.

Sobre la inconsciencia y la brutalidad que prevalecen en nuestra ciudad, no nos queda más que elaborar una especie de resignación resiliente, porque no se vislumbran cambios culturales a corto plazo, quizás ni a mediano.

La quema de basura antiguamente se consideraba normal y se realizaba como “método de limpieza”, hoy la cantidad de basura está directamente ligada a lo que llaman nivel de desarrollo. Este acto, de quemar basura de todo tipo, es sencillo de entender, puesto que deriva de la cantidad de desperdicios que se produce en una casa o un entorno. Hay gente que aún hoy mantiene la creencia de que es limpia porque quema basura, sin pensar en las consecuencias funestas para el medioambiente a más de los provocados a sí mismo, a su familia y todos los vecinos cercanos y lejanos. De más está decir que es un pésimo ejemplo para los niños.

La quema de basura sin separar empeora la situación, puesto que todo lo utilizable y no utilizable (ropa, plástico, metal, madera, etc.), plus la basura de tipo inflamable o residuos hospitalarios, van a parar a la misma hoguera en la creencia de que el fuego los destruirá y lo que quede será más fácil tirar y así deshacerse completamente de la basura. Pensar así es corto.

Hay, además, un cierto placer pirómano en quemar cosa que le molestan. Desconozco qué “razonamiento” tienen estos individuos, pero han de calcular que “se va todo en el aire”. Tal como el que arroja la basura al raudal está convencido de que “se va todo en el agua”.

En todos los barrios hay tozudos que queman y los buenos vecinos no sabemos qué hacer, porque aquellos, protegidos por la burocracia y parálisis municipal, continúan a sus anchas. Existe la Ley 3956/09 que prohíbe la quema de basura. Pero las denuncias no corren y dejan a los vecinos envueltos en peleas que en muchas ocasiones llegan a ser graves. Conste que, a pesar de la eterna ausencia de autoridades competentes, nunca hay que dejar de poner frenos, aunque sea de palabra al delincuente que lo está haciendo.

Los daños que producen sobre la salud de las personas pueden provocar enfermedades graves como cáncer, malformaciones congénitas, leucemia, linfomas y sarcomas de tejidos blandos, aumento del hígado, riñones, lesiones en el páncreas, entre otras.

Sin estudios podemos saber-sentir que en verano, quemando, el calor sube a temperaturas mortales por la emisión de gases de invernadero y degradadores de la capa de ozono.

La falta de conciencia del bien común y la debilidad de las instituciones son las verdaderas plagas que nos invaden. Aún hartos y desalentados debemos reclamar al que infringe la ley y denunciar e insistir donde corresponde.

lperalta@abc.com.py