Paraguaya, madre gloriosa

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Paraguay tiene la dicha, como tantos países latinoamericanos, de tener una raza prolífica.

La madre en la cultura paraguaya tuvo una función preponderante en el levantamiento de la nación después de la Guerra Grande, de ahí el dicho del papa Francisco: “la más gloriosa”. Sola, porque sus esposos e hijos habían muerto, enfrentó al enemigo que se llamó de muchas maneras: soledad, hambre, soldados sedientos de mujeres y nuevas concepciones. Diezmado el Paraguay después de la guerra, las mujeres en su lucha por sobrevivir repoblaron la nación. No suele hablarse de la prostitución forzada o las violaciones que sufrieron acabada la guerra, pero ocurrió. Las mujeres de toda época han sido trofeos o premios para lo que llaman conquista, expansión o civilización, entre otros eufemismos del horror bélico.

En su afán de empezar una nueva vida, las paraguayas aceptaron su destino, embarazadas y, por ende, dispuestas a trabajar donde hubiera sustento. Escarbando todavía en las abuelas y bisabuelas, podemos conocer historias “románticas” entre mujeres solas e invasores. Revivir, recolectar historias es una labor femenina importante, muchos recuerdos se pierden porque no se transmiten.

Aquellas madres formadas en la penuria, en la preocupación, en la responsabilidad de la subsistencia de sus hijos, les transmitieron tanta valentía como miedos. Las madres paraguayas, renacidas con sus hijos sembraron una personalidad férrea que quedó impregnada en la prole que –aún adolescente o ya adulta– temía los castigos de la madre severa por alguna travesura, desobediencia o por algún acto deshonesto. El tiempo dio, sin embargo, generaciones más tolerantes, dejando de a poco los tormentosos recuerdos de aquella guerra y dando paso a otras formas de educar y de amar.

Lejos de la nobleza de la maternidad, hoy el aborto legal divide a nuestra sociedad. No obstante, nada ha perturbado la capacidad natural de dar a luz, cuántos partos hay hasta sin la atención médica correspondiente, guapas mamás dan bebés sanos, y lejos de traer frustración, traen alegría y esperanza.

Nosotros no tenemos problemas de sobrepoblación, además no hay que caer en la propaganda de que el pobre es pobre porque tiene muchos hijos. ¿Cuánto es muchos hijos? Porque he llegado a escuchar “para qué tiene un (1) bebé si no puede mantenerlo”. La maternidad no es una enfermedad, no es una causa negativa, no es desgracia, no es un restar bienestar a la sociedad.

Varios males acechan a la maternidad paraguaya, solapados y expresamente dichos. Las políticas que acabaron con la fertilidad en los países avanzados generaron graves desequilibrios socioeconómicos. No toda planificación familiar es buena. Buscamos educación familiar respetuosa de la vida y no métodos inhumanos.

Tierra que no es llenada por su gente, será llenada por extraños.

“La maternidad no se trata solo de llevar nueve meses y dar a luz seres sanos de cuerpo, sino de darlos a luz espiritualmente. Es decir, no solo vivir junto a ellos, con ellos, sino ante ellos. Creo más que todo en la fuerza del ejemplo” (Victoria Ocampo).

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