"Cave ne cadas"

Este artículo tiene 19 años de antigüedad

El momento en que se pronunciaba la frase era el más apropiado. El general triunfante, vestido de púrpura, la cabeza ceñida por una corona de laureles, entraba a Roma por la Vía Sacra, desde el Campo de Marte en dirección al Capitolio. Iba en un carro triunfal estirado por cuatro caballos (cuadriga) blancos. Detrás, también eufóricos, senadores, parientes, amigos y allegados políticos. Personajes conspicuos de la política y la administración. Todos sonrientes, arrojando monedas a la multitud.