Conocimiento, ciencia, tecnología y progreso

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Que el progreso y la prosperidad tanto de las personas como de las naciones depende de la ciencia, la educación y el conocimiento, es una verdad que se ha banalizado en una cantidad de frases hechas que se repiten sin convicción.

Frases como “Vivimos en la sociedad del conocimiento” o “el conocimiento es poder” o “la educación es la mejor inversión a largo plazo que puede realizar una país”, por más que sean totalmente verdaderas han perdido su real dimensión y han pasado a formar parte del conjunto de estereotipos vacíos que rebosan en el banal palabrerío de los discursos.

Parece sin embargo oportuno volver sobre el tema, ahora que comienza el nuevo periodo académico y todos vemos diariamente las penurias de la infraestructura educativa, la proliferación de universidades garaje y títulos basura o (verdaderamente el colmo de los colmos) que cientos de aspirantes a jueces y fiscales prefirieron conseguir las respuestas pagando, que estudiando y aprendiendo su profesión.

En primer lugar, el conocimiento no solo es importante hoy, lo ha sido siempre. El historiador británico Niall Ferguson lo explica de forma inmejorable citando y comentando un texto de Samuel Johnson, un filósofo de mediados del siglo XVIII, que voy a reproducir resumido:

Un príncipe oriental pregunta a su consejero: “¿Por qué medio son los europeos tan poderosos?”. El consejero contesta: “Ellos son más poderosos, señor, que nosotros, porque son más sabios. El conocimiento dominará siempre sobre la ignorancia como el hombre gobierna a los otros animales”.

Y finalmente comenta Ferguson: “El conocimiento ciertamente es poder si proporciona formas mejores de navegar a vela, de extraer minerales, de disparar armas de fuego y de curar enfermedades”.

De los cuatro ejemplos de Ferguson, evidentemente tomados de la época en que Samuel Johnson escribió el diálogo, solamente uno se refiere a la mayor capacidad militar que genera el conocimiento; los demás son a propósito de ventajas económicas y sociales: navegar mejor, explotar más eficientemente los recursos y mejorar la salud de la población, lo que a la larga también es una ventaja económica.

Parece que en Paraguay hemos perdido de vista esta idea tan simple: la prosperidad económica y el bienestar social solo han sido accesibles a través del conocimiento, durante toda la historia (quien conocía el fuego vivía más y mejor, quien conocía manejo del arco cazaba más y mejor), pero hoy en día, en una sociedad tecnológica e interconectada, la necesidad de conocimiento es mayor que en cualquier otra época.

Cuando yo era joven, en el Colegio Nacional se formaban las élites intelectuales de la época; hoy por hoy el país está lleno de “profesionales” sin formación, que sin embargo tienen un título universitario bajo el brazo, y muchos de los cuales mediante el módico pago de tres millones de guaraníes pretendían llegar a jueces o fiscales, de los que dependerá la justicia, por poner solo el ejemplo más llamativo, escandaloso y reciente.

Quiero subrayar que el conocimiento no produce solo beneficios intelectuales o satisfacciones personales; el conocimiento es progreso material: es prosperidad, es dinero, es mayor posibilidad de trabajo y mejor pago. La prosperidad y la independencia económica e inclusive política de un país dependen esencialmente de la cantidad y calidad del conocimiento que poseen sus ciudadanos.

Para garantizar ese conocimiento se inventaron los sistemas educativos; aunque acá parece que los estemos usando para garantizar eficazmente la ignorancia… Y si somos ignorantes, si no dominamos y producimos la ciencia y tecnología de nuestra época, como Samuel Johnson hizo decir a sus personajes hace ya tres siglos, aquellos que tengan más conocimientos serán más poderosos y más prósperos que nosotros.

rolandoniella@gmail.com