2 de noviembre de 2026

En un escenario donde el acceso al conocimiento dejó de ser una ventaja competitiva, el verdadero diferencial pasa por el criterio, la capacidad de acción y la claridad para decidir qué hacer con todo lo que la inteligencia artificial ya pone al alcance.
El maestro masón Pierre-Marie Adam, presidente de la Confederación Internacional de Grandes Logias Unidas (CIGLU), con sede en Francia, visitó Paraguay hace unos meses, ocasión en que compartió su visión sobre la educación en los tiempos actuales. Estuvo acompañado por Bruno Hubert, quien actuó de traductor, delegado del Gran Maestro de Francia para los maestros del extranjero.
En los años noventa, Alvin Toffler con su libro “El cambio del poder” impactó al explicar que la fuente de riqueza y poder había dejado de estar en la posesión de tierras, con su producción agropecuaria, y en la posesión de fábricas, con la producción industrial, y que cada día más está en la producción de conocimientos. Los hechos le han confirmado esta interpretación de la economía y de la macropolítica.
Se presupone que estamos en la sociedad del conocimiento. Para la mayoría de nuestra población esto no tiene significado que le afecte directamente. Piensan que seguramente se dice eso de la sociedad porque con el progreso de las ciencias, los científicos actuales producen muchos conocimientos nuevos. Por los medios de comunicación sabemos que la producción es constante y mucho más productiva que en todas las épocas anteriores de la historia. Algunos conocimientos de esta producción acelerada son sobre realidades hasta ahora desconocidas; otros en realidades conocidas sobre componentes, estructuras o características diferentes a las que nosotros creíamos conocer. En cualquier caso, el hecho es que cada día hay más conocimientos y gracias a ellos tenemos más posibilidades de dominar la naturaleza, mejorar nuestra calidad de vida, vivir más años, defendernos mejor de riesgos y amenazas, etc.