Con creatividad, determinación, y a veces hasta contra la apatía de sus conciudadanos, un grupo importante de personas se movilizó e impuso el sentido de justicia, el reclamo de transparencia, el fin de la impunidad, pese a los esfuerzos de un sector mayoritario dentro de esa misma Junta, que prefería la oscuridad, la impunidad, el “borrón y cuenta nueva”, tal vez buscando proteger a sus amigos políticos, y por qué no, algunos a sí mismos.
Esta es una lección para quienes pretenden administrar la cosa pública y meter las manos en la lata. Tarde o temprano se levantarán los tablones y las cucarachas quedarán al descubierto. Es una lección para mucha gente que se siente derrotada y no se involucra en los asuntos que le atañen como ciudadano, y es un ejemplo para muchos que, a cambio de migajas, se prestan a jefes partidarios corruptos para quienes operan comprando o vendiendo votos y allanan el camino a los “piratas” del poder”.
Esta ciudadanía no debe bajar la guardia. Debe cultivar memoria histórica. No olvidar a los corruptos que, agazapados, esperan la oportunidad para ocupar cargos en la gobernación, o alguna banca en el Congreso Nacional, para seguir robando las esperanzas del pueblo.
Atendiendo a la impronta en nuestro sistema judicial, donde impera la cobardía y el sometimiento a los politicastros, es poco probable que quienes se engulleron los recursos públicos sean juzgados y condenados. Queda, sin embargo, una poderosa herramienta: cuando pidan nuevamente el voto de confianza ciudadana, reciban el castigo moral de la ciudadanía y sean enviados a la cloaca de la historia, lugar del que se hicieron acreedores.
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