¿Docentes o educadores?

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Se está reorganizando la “Formación docente”, lo cual merece reconocimiento y nos aproxima a la esperanza para levantar el nivel de rendimiento escolar de nuestros estudiantes. Pero en mi opinión persiste una gran pregunta: ¿qué queremos: docentes o educadores? El que enseña (docente) logra su objetivo si sus alumnos aprenden. El educador solamente queda satisfecho si constata que con su ayuda los educandos desarrollan sus potencialidades cognitivas, afectivas, operativas, sociales y trascendentales. Es cierto que hay quienes aprendiendo logran desarrollar, además de conocimientos, algunas competencias y otras potencialidades, pero el logro de aprendizajes no garantiza el desarrollo del polifacético potencial de la mente y la personalidad.

Se puede enseñar sin educar, aunque no se puede educar sin enseñar. La docencia es parte, es una estrategia de la educación, pero no es la educación. La educación educa, forma y capacita, no sólo enseña. Educar es mucho más que enseñar. Quizás, como piensan algunos sociólogos, crece la violencia en nuestros niños, adolescentes, jóvenes y adultos en la vida familiar, social y en la política, porque aun teniendo cada vez más información y conocimientos no tenemos mejor educación, ni siquiera la educación necesaria para saber poner calidad en las relaciones humanas y en la vida personal, que hasta la amenazamos estúpidamente con destrucción del medio ambiente, construcción de armas terroríficas, uso personal indiscriminado de armas explosivas y hasta drogas letales para el cerebro.

En este momento a nivel nacional, regional y mundial tenemos muchos medios para aprender, además de los necesarios docentes, pero no contamos con verdaderos educadores que nos ayuden a aprender a ser, vivir y convivir.

Para educar necesitamos que nuestros actualmente llamados docentes asuman realmente el papel de educadores. La educación es extraordinariamente fecunda y compleja, se procesa con el todo del educador, la docencia no alcanza el nivel profesional del educador. La docencia es relativamente más fácil, la educación es de verdaderos “maestros” trascendentes.

No se puede educar sin tener definida una antropología básica coherente y compartida con las familias de los educandos y la comunidad. El educador necesita saber muy bien qué tipo o clase de hombre y mujer va a contribuir a formar en esa criatura que los padres le confían a su calidad humana y profesional. Sin una antropología pedagógica definida la educación se construye sobre arena. Siempre fue necesaria la antropología educativa o pedagógica, pero actualmente, cuando los niños, adolescentes y jóvenes viven en contextos pluriculturales con inmensa diversidad de modelos de modos de entender y ser humanos, dejarles sin una orientación antropológica sólida es dejarles en alta mar sin motor y sin velas a merced de las olas y las tormentas. Hoy es un grave error profesional planificar la reforma o actualización de los docentes sin acordar antes y ayudarles a asimilar la antropología que debe inspirarles.

Planificar no es organizar currículo y actividades, los planificadores de la llamada “formación docente” deben justificar por qué le llaman así y cuál es la “filosofía educativa” con la que se orientan. La sociedad tiene derecho a saber cómo entienden la educación, qué es la educación hoy, por qué se ha elegido ese modelo (si es que hay alguno), para qué, a dónde apunta.

Junto a la antropología y la filosofía de la educación, toda planificación de educadores debe proponer una “sociología pedagógica”, un modelo de sociedad consensuado, que responda, de acuerdo con la Constitución Nacional, al modelo de sociedad que la mayoría de la población republicana y democrática quiere para su futuro, el de sus hijos y nietos. Y la propuesta no puede ser un enunciado abstracto desencarnado, sino integrada en el currículo y los procesos educativos sistémicos con la pedagogía y didáctica correspondientes.

Todo buen educador es profesional del futuro y la esperanza. Cada educador que sucesivamente acompaña a cada educando en el correr de sus años escolares va dejando su semilla, convencido de que esa criatura que vino a la institución débil e ignorante va creciendo y desarrollando sus potencialidades, al mismo tiempo que se integra en la cultura de la comunidad y adquiere conocimientos, competencias, actitudes valores, madurez biológica y afectiva, personalidad que le ayudarán a ser un ciudadano proactivo y colaborador para toda la comunidad.

jmonterotirado@gmail.com