El acecho de los vampiros

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Las plagas de Asunción II. El domingo pasado abordábamos el tema de las plagas que acecharon históricamente a la ciudad de Asunción empezando por la invasión de langostas, el poder destructor de las termitas, los depredadores ysaú y la proliferación de ratas. Hoy toca hablar de otra temible plaga que asoló la Capital en varias épocas y aún revolotea en noches de luna llena. Y también... a plena luz del día.

Cuenta Luis Verón que a inicios del siglo XX resistía a los avatares del tiempo un viejo caserón de gruesas paredes de adobe –de unos 70 cm de espesor– en la esquina de las calles Benjamín Constant y 15 de Agosto. Obviamente hoy desaparecido. Tenía techo de tacuaras y tejas españolas con galería frontal. Era la sede del periódico El Orden –vocero oficioso del Partido Liberal– que en 1937 fue bautizado como “La Cueva” por el editorialista de otro periódico colega. La respuesta no se hizo esperar y el caserón, sede de la Asociación Nacional Republicana, sitio donde también editaban su medio, fue llamado “Mbopicuá” (agujero de murciélagos). Este fue demolido en setiembre de 1954 para la construcción –en el mismo lugar– del actual edificio de la ANR sobre la calle 25 de Mayo.

Durante mucho tiempo era común que se llamara “vampiros” a los murciélagos. De hecho, en zoología se definen como “vampiros hematófogos de América del Sur”. En la Asunción de antaño pululaban y en la época en que se estrenó en Asunción “Drácula, el príncipe de las tinieblas” en el Cine Granados (año 1968) el vampirismo fue un boom.

De acuerdo con publicaciones rescatadas del Archivo de ABC Color, en marzo de 1969 dos personas fueron mordidas por perros afectados por rabia en zonas aledañas a la Capital. Los análisis se realizaron en el Hospital de Infecciosos y se advertía entre los animales portadores del peligroso virus a los murciélagos.

La alerta se mantuvo durante toda la década de 1970 y en 1976 el Dr. Carlos M. Ramírez Boettner, director del nosocomio, alertó que el hombre puede ser ocasionalmente mordido por los transmisores del mal. “Un caso muy importante para nuestro país, es el de los murciélagos (vampiros). La rabia existe entre ellos. Se piensa con fundamento que pueden ser portadores sanos del virus. Cuando chupan la sangre de animales domésticos, en especial bovinos, pueden transmitir la enfermedad”.

Ese mismo año el Dr. Miguel Angel Maffiodo, destacado pediatra, hablaba de las vacunas contra la rabia para los humanos y reiteraba que lo transmitían los perros, lobos, murciélagos y hasta las vacas. En todo el país hubo intensas campañas de prevención y erradicación de la rabia bovina. Cundió el pánico y hubo una lucha sin cuartel, al parecer efectiva contra el mal.

Pero Asunción y –casi todo el país– siguió atestado de murciélagos, especialmente en las casonas abandonadas. Resaltan las bandadas de murciélagos colgados en techos y paredes que tuvieron que ser exterminados para restaurar la Manzana de la Rivera, frente al Palacio de Gobierno.

Hoy pululan los vampiros, en una de sus principales acepciones actuales según el diccionario de la Lengua de la Real Academia Española. Vampiro: “persona codiciosa que abusa o se aprovecha de los demás”. No faltan ejemplos de chupasangres.

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