El 30 de julio, festejamos el Día de la Amistad, una fecha muy especial para nuestros afectos. A pesar de vivir en un mundo frío, materialista y cruel, el ser humano es un animal social y no puede vivir aislado. Más todavía con el avance de la tecnología y, sobre todo, con la aparición de las redes sociales, es imposible mantenerse incomunicado. Millones de personas están conectadas a lo largo y a lo ancho del planeta. Es algo grandioso, maravilloso e inimaginable en épocas pasadas. Por eso sería genial usar estos inventos para cosas buenas y edificantes.
Un ingrediente esencial en la amistad es el amor espiritual, que debe ser mutuo. También dice la Biblia que “un amigo es como un vino, déjalo que sea añejo y lo beberás con deleite”. Significa que el paso de los años enriquece la amistad. Hay personas que mantienen ese lazo durante toda la vida, y nunca están solas ni tristes.
Hablar de amistad es hablar de amor. Es hablar de un sentimiento único, que nace del corazón. Aunque solemos comentar que tenemos muchos amigos y amigas, en realidad son poquísimos los verdaderos, que nunca nos fallaron y están a nuestro lado en las buenas y en las malas.
Como en toda relación, cuando surgen la desconfianza o el malentendido, puede verse perjudicada la amistad. Un espíritu grande, bondadoso y tolerante; sin embargo, analiza con paciencia la situación y al final, perdona todo. Es bueno sacar del fondo del alma las virtudes más bellas y valiosas como la comprensión, la ternura, la alegría y el buen humor. Los amigos y las amigas, como compañeros de ruta y de sueños, merecen conocer la felicidad por el simple hecho de contar con un hermoso sentimiento y tener buena voluntad. También se acompañan en momentos de dolor, porque este también forma parte de la vida cotidiana.
Un amigo verdadero no cuestiona, no critica, no controla, no descalifica ni humilla. Un amigo verdadero es amable, cordial, servicial, paciente, humilde, sensible y, sobre todo, sabe escuchar. Quizás, como en otras relaciones, en la amistad es más importante escuchar que hablar. La amistad, como el amor, no solamente es palabra, sino testimonio de vida.
Los seres humanos somos espejos, nos miramos unos en otros. Lo que hay en ti hay en mí. Si eres feliz, yo soy feliz. Por eso, amigo, amiga, gracias por existir. Perdóname las veces que te fallé. Lo siento, de corazón. Te amo. Que Dios te bendiga.
blila.gayoso@hotmail.com