Aunque el autor escribió esto con sarcasmo e ironía, con ese sentido del humor que lo caracterizó, el dicho es tan real y actual.
Otro escritor, el mexicano Octavio Paz, premio Nobel de Literatura, en su famosa obra “El Ogro Filantrópico”, se refiere al clientelismo político en los países latinoamericanos herederos del Sultanismo arábigo-español.
Parecería que el clientelismo tiene su origen en la formación de “Clanes”, costumbre que viene de antaño. Estos grupos se forman con los más cercanos; la familia central: padres, hijos hermanos y se extienden a los tíos, primos, cuñados, compadres, amigos y otros seguidores, quienes acceden a ciertos privilegios. En los “clanes” prevalecen la amistad, la confianza y la lealtad. Así se construye el edificio institucional y aparece el clientelismo y surge el nepotismo que es la repartija de los cargos entre los parientes. Una costumbre que no ha desaparecido, al contrario se ha fortalecido y hoy más que nunca es una realidad en nuestro panorama político nacional.
Durante mucho tiempo existió la idea que para alcanzar bienestar y progreso, encontrar un buen trabajo hay que prenderse al saco del poderoso, estar lo más cerca posible. De esta forma llegan a la administración pública amigos vecinos y parentelas, sin necesidad de contar con títulos o méritos académicos.
Algunos personajes, lejos de servir al pueblo han acumulado cuantiosas fortunas mal hábidas.
Pensaron que llegar al poder es apoderarse de los bienes del Estado. Ni después del golpe de 1989 se pudo recuperar lo saqueado. Lejos de devolver lo robado, los ladrones hacen ostentación escandalosa de sus botines y vuelven a aparecer en el escenario con toda la naturalidad del mundo. Se reciclan permanentemente en el plano político por que como dijo Cecilio Báez “En el Paraguay nadie pierde ni gana reputación”.
La corrupción se ha enseñoreado en nuestra sociedad. Existe impunidad porque la justicia brilla por su ausencia. La corrupción ha enriquecido a una pequeña parte de la población mientras el 40% vive en la extrema pobreza.
Con razón Helio Vera atribuyÓ todos nuestros males sociales y políticos al clientelismo, nepotismo y prebendarismo. Hoy, la gente se está despertando y salen a la luz estas prácticas detestables. La ciudadanía exige transparencia en las gestiones y quiere saber dónde van a parar sus impuestos. El pueblo no puede seguir manteniendo un Estado paquidérmico, amorfo, que solo beneficia a unos cuantos. Es hora de transparentar y modernizar. Nuestro país es riquísimo en recursos naturales como agua dulce, tierra y alimentos.
Solo falta voluntad política para distribuir mejor la riqueza y salir del atraso en que los gobernantes nos tienen desde hace décadas.
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