En tren bala por el Caaguazú de Salyn

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Ahora ya casi no se estila, pero en el pasado reciente era muy común ver jugar con los trenes de juguetes movidos a cuerdas o a pilas –esas convencionales, alargadas y cilíndricas– o cualquier otro tipo de baterías. Es difícil decir exactamente qué puede soñar (me refiero a esos sueños que se sueñan despiertos) un niño al ver rodar por los rieles de plástico o de metal –“made in China” general mente– a las pequeñas locomotoras y sus vagones de hojalata y latón. Quizá solo se divierten y viven el momento, sin aspirar a nada más. No está mal, no hay ninguna obligación de soñar siempre. Digo yo, que “del niño que fui” ya estoy un poco lejos.

Lo que ustedes no se imaginan es que en el gabinete del presidente Federico Franco hay un ministro, específicamente el de Obras Públicas y Comunicaciones, el caaguaceño Enrique Salyn Buzarquis, a quien los trenes (pero los de verdad) le han llevado a asumir una actitud ambivalente. Y fui testigo. La verdad que lo dice siempre, pero una tarde le escuché en vivo y en directo contar su sueño ferroviario. Fue en Luque, no hace mucho.

El ministro Salyn no solo comentó al público sobre su aspiración personal, sino que invitó a compartir con él tamaña quimera. “¿Por qué no podemos soñar con tener un tren bala Asunción- Ciudad del Este? Yo sueño con eso”, apostilló Salyn. Por supuesto que cuando habla de un trayecto Asunción-Ciudad del Este, uno entiende que su sueño incluye el paso de la ultraveloz locomotora por Caaguazú. Y no es ningún pecado, siempre que se quede en plan de sueños, claro.

Debo adelantar, ya que estamos siendo sinceros –ustedes lectores y yo, por supuesto–, que no le creo su sueño al ministro Salyn. Es decir, y para explicarme mejor, directamente no creo que tenga ese sueño. Es más, no creo que él tenga el más mínimo cariño al ferrocarril, ni siquiera a los trenes de juguetería.

¿Por qué no le creo? Porque el ministro Salyn no es ningún tonto. El precio de un tren bala cuesta casi diez veces más que un tren convencional (tren convencional: US$ 2,3 millones por km, y tren bala: alrededor de US$ 20 millones por km). Entre ciudad del Este y Asunción hay 330 km, lo que indica que se necesitaría una inversión de por lo menos US$ 6.600 millones.

Un ejemplo. En mayo pasado, en Querétaro, México, desecharon la idea (tengan en cuenta que idea es mucho más que un sueño, pues de ahí a un proyecto puede distar solo un paso) de pedir la construcción de un tren bala que les uniera con Ciudad de México, que dista unos 180 kilómetros, justamente porque el precio resultaba exorbitante para sus posibilidades: US$ 3.600 millones.

Y eso que Ciudad de México es la tercera urbe más poblada de la tierra (al mismo nivel de Nueva York), con 20,4 millones de habitantes, según estimaciones de la ONU, mientras que en Querétaro viven más de 800.000 personas. Para tener en cuenta, en Asunción y Gran Asunción se calcula que residen más de 2,6 millones de personas, en Ciudad del Este, unas 400.000, y en todo el departamento de Caaguazú, 478.612.

Aunque “soñar es gratis” según el dicho popular, nuestro país no puede darse el lujo de soñar en serio en un tren bala, por los costos y su realidad poblacional. Apenas haríamos el ridículo.

Además, las pruebas en contrario que da el ministro Salyn son muchos más contundentes que su supuesto sueño. Y aquí retomo lo que señalé antes, párrafos más arriba: su actitud ambivalente, pues mientras decía soñar con un tren bala hacia el Este, destruyó en la Capital 6,3 km de vías verdaderas e hizo desaparecer un trazado histórico que llevaba 151 años de vida real.

Y eso no es todo, pues su “excelencia” está señalado por la Cooperativa Ferroviaria como el principal oponente a la rehabilitación del servicio de trenes entre Asunción y Encarnación. Alguien debería despertarle y avisarle que mientras sus sueños apuntan al Este, la realidad le espera con proyectos ciertos para ir hacia el Sur.