Aplaudiendo a la Dinastía Castro se ha escarnecido al pueblo cubano e ignorado su derecho a decidir su sistema de gobierno. Solo sus altezas reales Fidel I y Raúl II gozan del derecho a la autodeterminación, única fuente de la soberanía popular sin la que no se puede constituir un Estado ni elegir autoridades que lo gobiernen. Se equivocó Humala al responder al diario El Comercio, confundiendo la democracia con el bloqueo norteamericano y olvidando la historia: Latinoamérica apoyó el bloqueo cuando los Castro optaron por la dictadura comunista, el Paredón, los misiles soviéticos y la subversión guerrillera en la región. (El respaldo desapareció progresivamente por la ineficacia del bloqueo y el fin de la Guerra Fría).
El pretensioso experimento de CELAC necesita un mínimo de credibilidad. Y esta solo deriva de la consistencia entre el dicho y el hecho.
En lo político, (1) CELAC condecora a la dictadura cubana y felicita el atropello chavista contra la Constitución dictada por Chávez a su medida.
(2) Con soberbia, el dictador rinde homenaje a Allende en Palacio, ofendiendo a los chilenos que condenan la intervención cubana en el desastre socialista (que condujo a Pinochet). Con insolencia, Maduro califica el acto de “el regreso de un Castro Ruz a La Moneda” (Notimex).
(3) La Cumbre descarta el macizo párrafo sobre democracia, Estado de Derecho y seguridad jurídica propuesto por la Reunión de Empresarios de CELAC.
En lo económico, la palabrería de la Declaración Final será incapaz de espantar los fantasmas de la frustrante historia de la integración regional iniciada en 1960, con la ALALC. Enfermos terminales como la CAN o el Mercosur son caricaturas de los errores que siempre nos perdonamos, pero que las izquierdas insisten en repetir, pretendiendo resucitar una integración retrógrada y proteccionista que favorezca a los grandes empresarios regionales y fortalezca las empresas públicas en sectores que, por ser estratégicos, no deberían reservarse a la incompetencia estatal que los pueblos financian con sus impuestos.
Han inflado la IIRSA (pragmática) para convertirla en Unasur, y el Grupo de Río (funcional) para convertirlo en CELAC. Son instrumentos diseñados por el trío Lula-Chávez-Castro. Los respaldan el ALBA, Petrocaribe y un Mercosur reforzado con Venezuela, Bolivia y Ecuador. Manejan el Foro de São Paulo, organizador de las tumultuosas “cumbres alternativas” y autor de la condena contra la Alianza del Pacífico por ser una “herramienta del imperialismo” para debilitar la “unidad” latinoamericana -que ellos quieren liderar con una integración mercantilista, blindada por el proteccionismo, el estatismo y las aspiraciones hegemónicas.
Felizmente, mientras la Cumbre aprobaba declaraciones sobre la masticación de coca, la quinua o el natalicio de Martí, la Alianza del Pacífico –que acaparó el interés europeo– anunciaba decisiones cruciales para consolidar la integración profunda que solo puede darse entre países con políticas económicas y comerciales convergentes y abiertas. La próxima reunión del Foro Económico Mundial (WEF) en Lima reforzará el curso de la Alianza, atrayendo a otros socios verdaderamente progresistas.
Democracia o dictadura (abierta o encubierta). Integración retrógrada o globalizada. Esa es la encrucijada.
Los gobiernos pueden jugar al discurso ambiguo solo si tienen bien claro que Mercosur, Unasur y CELAC son obstáculos retardatarios, y que el nuevo Instituto Lula es un vehículo de políticos, empresarios y académicos proteccionistas que ambicionan el mercado regional para dominarlo y manejarlo geopolíticamente en su beneficio. No en el nuestro.
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*Embajador peruano